El Invima y un ejemplo de emprendimiento en Nuquí

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En el departamento del Chocó, desde el inicio de su historia, la población ha sufrido por agua potable. Se dice que el 90% de las personas, sin importar su edad, ha sufrido de enfermedades gastrointestinales en algún momento de su vida. Surgieron respuestas a estos desafíos, pero entraron en conflicto con el Invima.

Por: Miguel Ángel Arango Cifuentes

En cada cocina del municipio de Nuquí siempre fue necesario hervir el agua, por el riesgo de enfermedades asociadas a bacterias presentes en el agua. Por ello nadie tomaba agua potable a menos que fueran de las envasadas que llegaban del puerto de Buenaventura.

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Un día alguien pensó: “Qué no hay en Nuquí que yo pueda producir y beneficie a muchos.” Así pues el señor Cesar Augusto Hoyos Benítez, en compañía de su fiel amigo y socio Jorge Eliecer García Marmolejo, decidió crear su empresa de agua a la que desde el principio bautizó como Bio Nuquí. Hoy, por su crecimiento, ya se llama BioPacific.

El primer reto se llamaba Invima, que es el ente regulador de medicamentos y alimentos. El Invima, para cada emprendedor de negocios de alimentos, es el “coco” o el freno a su iniciativa. Las regulaciones son muchas. Sin embargo, con mucho esfuerzo y asistiendo a capacitaciones del Invima lograron la autroización. Para ello nuestros emprendedores aprendieron los requisitos para el tratamiento y empaque del producto que debía ser excelente para el consumo de la comunidad nuquiseña. Así después de muchas visitas al Invima en Bogotá, el día 3 de julio de 2013 fue asignado el registro sanitario con la resolución 2013019215, “por la cual el director de alimentos y bebidas del instituto nacional de vigilancia de medicamentos y alimentos INVIMA, en ejercicio de sus facultades legales conferidas en el decreto 2078 del 2012 otorgo el respectivo registro”.

Hoy la población nuquiseña se enorgullece de su agua Biopacific, con su registro Invima. Siente que es una empresa propia que beneficia al 100% de la comunidad del casco urbano de Nuquí y de Bahía Solano. El mejor resultado realmente es ver cómo los índices de enfermedades gastrointestinales disminuyen en la medida que la población hace del agua una parte de su cultura gastronómica. Esperamos que más emprendedores como don Cesar y Jorge, quienes no sintieron miedo al enfrentar los retos de calidad del Invima, se atrevan a lograr un producto maravilloso.

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