Un delicioso granizado

Por estas épocas de intenso calor, las bebidas frías son la mejor opción para mantenerse de pie y  no agotarse más rapído de lo normal. En las plazas centrales de los pueblos se puede comprar un típico granizado. 

Por: Andrés Gómez Martín.
Fragmento crónica

Hace algún tiempo viajaba con mis primas hacia la costa por tierra, la emoción del viaje nos invadía a todos, yo era el menor, tenía 12 años, Jimena y Lina 14 años. El viaje sin duda era largo, pero  Ciro, mi tío no tenía afán de conducir a toda velocidad por la troncal del magdalena medio.

7.3

Tomamos carretera en la madrugada, las tractomulas  y los enromes buses nos pasaban y nosotros pasábamos otros; en la mañana, como a eso de las 9, llegamos a puerto Boyacá. Desayunamos  en un lugar lleno de turistas, bogotanos de media blanca que, al igual que nosotros, esperaban llegar a Santa Marta.

Después de una larga fila para pedir el desayuno y luego comerlo,  teníamos que seguir nuestro largo camino, teníamos que cruzar medio país. Cuando nos disponíamos a subir al carro notamos que una de las llantas ya no estaba.

Un camionero, con acento pastuso nos dijo que en época de vaciones los pillos se las arreglaban para hacer lo suyo. Sin llanta no había viaje, no habían vacaciones. En puerto Boyacá seguro conseguimos todo el repuesto, pero no fue tan fácil, ya era medio día y el único lugar en donde vendían llantas y rines estaba cerrado. Un vendedor de raspados se dio cuenta de nuestro desespero, los casi 40 grados de temperatura a medio día nos tenían sudando, con la cara roja y con el viaje aplazado.

El vendedor, un señor de por lo menos 80 años de edad, nos dijo que el dueño de ese local había salido hacia muy poco tiempo y que no tardaba en regresar.  Sin más remedio que esperarlo, Ciro, mi tío,  compro tres raspados grandes, dos para mí y uno para él. El ver como picaban el hielo, nos hacía agua la boca, las ansias se hacían mas fuertes mientras arreglaba el hielo en el fondo del vaso, al acabar, con unas botellitas de plastico, le puso sabor y color a nuestra espera en Puerto Boyacá. Con una cuchara de plástico y un pitillo para tomar el agua del fondo, esperamos por la llanta, como no podía comer ambos raspados al tiempo, uno  se derritió en poco tiempo, jámas había estado esperando por algo tan contento, todo gracias al raspado.

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