Amenaza de racionamiento, el agro en la cuerda floja

Aunque la decisión final está por verse, el propio gobierno admite  que el país corre el grave riesgo de vivir otro apagón. Las consecuencias para la economía y para el agro, no se harían esperar. Todo dependerá, sin embargo, de la reacción de la industria y de la eficacia de los planes de contingencia.

Por. Juan Carlos Pérez Bernal

Es inevitable pensar en lo que ocurrió entre 1992 y 1993, aunque no hay que pasar por alto que, entonces, la situación era mucho más difícil que la que enfrentamos hoy. Para empezar, hay que considerar que la industria, en general, debió acelerar su programa de importación de plantas para generar su propia energía.  Este es un factor clave para afirmar que hoy estamos más preparados.

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Sin embargo, no podemos olvidar que el apagón de comienzos de los 90 golpeó con mayor rigor –como suele ocurrir en estos casos- a las pequeñas y medianas empresas. Las cifras del impacto global son elocuentes: Se perdió entre el 2 y el 2,5 por ciento del Producto Interno Bruto, es decir, entre 16 y 20 billones de pesos.

Por supuesto, el agro también suele afectarse de manera grave, más si tenemos en cuenta que estamos en un año de desaceleración económica. Las propias cifras del DANE muestran ya a los alimentos como los líderes del costo de vida, con una variación anual cercana al 12%.

Es claro que la caída de los precios del petróleo, el aumento de la cotización del dólar y el calentamiento global, explican, en buena medida, lo que está pasando con las cifras macroeconómicas. Pero, sin duda, un apagón en estos momentos acabaría de aguar la fiesta.

Como en las crisis económicas la primera consecuencia es la contracción  de la demanda, volverá a resentirse la compra de alimentos. De allí se derivan dos consecuencias fundamentales: a menor capacidad de compra, menos importaciones, que es lo que estamos viendo hoy. Y, por supuesto, vendría la gran oportunidad para la producción interna. Lo malo es que –como lo hemos señalado en otras oportunidades-  el agro no está preparado, porque la famosa apertura económica desmanteló buena parte de nuestra producción nacional. Claro, hay que tener en cuenta el Plan Colombia Siembra, con el cual el gobierno se propone habilitar un millón de hectáreas para la producción agrícola, pero hasta ahora ha empezado a ejecutarse.

En otras palabras, por ahora vivimos de grandes anuncios y de grandes expectativas.  Estamos en la siembra; vamos a ver qué pasa a la hora de recoger.

 

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