Arcángeles: mensajeros y protectores

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Arcángeles: Miguel, Gabriel y Rafael, únicos nombrados en la Biblia y cuya fiesta se celebra el 29 de septiembre. ¿Por qué recordarlos? 

 

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Por Jonathan Alexander Rozo García

 

Los arcángeles han sido de gran devoción en la Iglesia Católica y otras confesiones cristianas, desde hace muchos siglos. Se reconoce su papel de colaboradores de Dios y protectores de los seres humanos.  Por ello, la Iglesia ha querido hacer memoria de su misión, a través de la festividad consagrada a ellos a finales de septiembre.

La celebración data del siglo VI, según textos de la época afirman que la festividad inicio por dedicación de una Basílica en honor de San Miguel, a unos 10 kilómetros al norte de Roma; donde se tenía al arcángel como protector de los enfermos, aunque la veneración a San Miguel es todavía más antigua.

Así pues, la palabra Arcángel proviene de dos palabras: Arc (“el principal”) y ángel, es decir, “principal entre los ángeles”. En la Sagrada Biblia, los ángeles son mensajeros de Dios, “poderosos ejecutores de sus órdenes, prontos a la voz de su palabra” (Salmo 103,20), al servicio de su plan de salvación, “enviados para servir a los que deben heredar la salvación” (Hebreos 1,14).

Por lo tanto, la intervención de los santos ángeles no es extraña para los creyentes, pues se conoce que no son pocos los momentos de la vida de Jesús en los que los ángeles tienen una misión especial: el Arcángel Gabriel anuncia a María que concebirá y dará a luz al Hijo del Altísimo (Lucas 1,26-38) y de igual manera, un ángel revela a José el origen divino de la maternidad de la Virgen (Mateo 1,18-25), entre otros relatos.

¿Quiénes son? A lo largo de los artículos de este mes, nos detendremos con calma en cada uno de ellos; por ahora, una breve introducción.

El primero, San Miguel cuyo nombre significa: “¿Quién como Dios? o “Nadie es como Dios”. El segundo, San Gabriel que en hebreo significa “Dios es fuerte”, “Fortaleza de Dios” o “Dios es mi protector”, y finalmente, San Rafael, conocido como: “Medicina de Dios”.

Finalmente, la misión de los arcángeles es amar, servir y dar gloria a Dios, ser mensajeros y cuidar y ayudar a los hombres. Ellos están constantemente en la presencia de Dios, atentos a sus órdenes, orando, adorando, vigilando, cantando y alabando a Dios y pregonando sus perfecciones. Se puede decir que “son mediadores, custodios, guardianes, protectores y ministros de la justicia divina”.

 

 

 

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