El Chocó, un baúl de maravillas

Este departamento es un destino para disfrutar cada minuto. Hay que conocer todas sus maravillas naturales y culturales incrustadas entre la majestuosidad del océano Pacifico, el mar Caribe y los ríos Atrato, San Juan y Baudó.

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Cortesía Mambe Travel

El Chocó se empieza a disfrutar una vez se cruza la cordillera occidental y aparece como un espejismo la hermosa, y tal vez tenebrosa selva Chocoana. Los viajeros no quisieran retirar sus ojos de las ventanillas del avión, es tal la espesura de esta selva que con solo ver las caras de sorpresa y admiración de los extranjeros, el amor de patria comienza su recorrido por nuestras venas.

Luego, al dejar de ver la selva, sigue como protagonista el río Atrato,  según sea el  destino aparece el gris del océano Pacifico o el azul intenso del mar caribe.

Entre agosto y octubre, en el pacífico las inmensas yubartas y delfines moteados le dan al paladar óptico de los turistas un toque de la majestuosidad de las creaciones de Dios, y aparece el municipio de Nuquí en la costa Pacífica.

Por el otro lado, en el Caribe, el placer es el cristal de un mar de colores óptimo para los amantes del buceo recreativo y la estética de la naturaleza, Capurgana, Sapzurro y la Miel, son los destinos para el descanso mental y la activación del cuerpo al recorrer estas hermosas playas.

Un recorrido por el departamento

Ahora, si decidimos llegar a Quibdó, nos recibe toda una cultura de esa diáspora africana que le dejó al departamento el colorido en su esencia, el sabor característico de las cinturas chocoanas y ni hablar de la gastronomía del departamento, arraigada a las raíces de su gente. Donde quiera que este un chocoano sus manos llevan el tinte del ahumado, el tapao, el encocado y muchos sabores entre dulces y salados.

En cada calle que caminas en Quibdó, encuentras uno de los mayores valores del típico negro chocoano: la convivencia y la amabilidad que se respira hasta cuando se toma un bus. La gente saluda a quien nunca ha visto en su vida, la gran mayoría de las cosas terminan en “sabrosura” como dicen sus habitantes. La vida camina entre el placer de la música, la comida y uno que otro trago de aguardiente platino típico de la región.

Aunque es uno de los departamentos más afligidos por la falta de empleo y oportunidades siempre hay caras sonrientes, que terminan siendo un atractivo más para que el turista que llega, se enamore.

Los valores de los chocoanos

Ahora, si nos vamos al San Juan allí sí que el tiempo vale oro, ese oro de 22 y 23 quilates que ves fluir de manera artesanal por las manos de las más viejas bateadoras del río.

Llevan en su interior la tradición del sustento que desafortunadamente vendió al Chocó al mejor postor paisa, sin embargo es hermoso recorrer toda esta zona minera y ver cómo se conserva la gratitud a la tierra por los regalos que entrega, esa gratitud se ve reflejada en el santuario de raspadura donde se venera al santo Eccehomo conocido en el interior como ‘Señor de los Milagros’.

Los mineros han entregado a ese santo, una catedral cargada de oro y platino entregado como prenda de gratitud por ampararlo y por el “tomin o castellano de oro” para su subsitencia. Ese minero real que vive y muere en esta tierra es quien le da un gran valor a la palabra «chocoano». (Le puede  interesar: Nace una alianza que hará historia en el departamento de Chocó)

Cabe resaltar algo que los mineros del Atrato y San Juan ven con muy buenos ojos: La llegada a su territorio del proyecto Valores Cívicos y Democráticos, apoyado por la Embajada de Bélgica, la Registraduria Nacional, CEDAE y ACPO . Siempre habían querido fortalecer sus familias en ese sentido, pues para nadie es un secreto que la zona está siendo influida por grupos al margen de la ley, de tal manera que si no se forman como ciudadano, el flagelo puede ser de proporciones inimaginables.

Por: Miguel Ángel Arango. Facilitador ACPO – Nuquí.
Editor: Mónica Lozano. Editora – Periodista.

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