Desierto, un camino que no podemos evadir

Vivir la experiencia del desierto es una oportunidad para hallar fortaleza y seguridad.

Por Nicolás Galeano

2015-04-03 18.11.09

El desierto es un lugar árido, solitario, en ocasiones caluroso, donde las posibilidades de vida son tan precarias que pasar por él sería una gran hazaña o reto, y aunque muchos de nosotros no hayamos tenido físicamente la experiencia del desierto, podemos decir con certeza que en más de una ocasión nuestra vida, expresada en metas y proyectos, seres queridos, amigos y sueños, ha tenido que hacer un alto en el camino y pasar por este lugar, bien para fortalecer algunos aspectos de nuestra vida o simplemente para confrontarnos.

En este sentido, la palabra desierto toma una acepción no solamente geográfica sino existencial, ya que compromete nuestra vida y todo lo que ella implica. Somos conscientes de que el camino de la vida no es sencillo ya que en él encontraremos dificultades, desaciertos, momentos de duda y confrontación, de dolor y confusión. Estas situaciones se convierten en desierto para nosotros y es por ello que en más de una ocasión preferimos evadirlo, ya que el sólo hecho de caminar en medio de él nos perturba y nos causa temor.2015-04-04 08.49.08

Pero frente a estas situaciones límite en la vida del ser humano la solución no es la de evadir, sino, por el contrario, combatir; para ello hay que entrar en aquel desierto y detenernos un momento frente aquellas circunstancias que están causando un desequilibrio en nuestras vidas y que impiden que sigamos adelante. Vivir la experiencia del desierto es un momento natural en la vida de cualquier ser humano donde se da lugar a la confrontación, a la intimidad, a la observación profunda de actitudes, sentimientos y motivaciones y a la manera en la cual, hasta el momento, le hemos dado sentido a cada aspecto de la vida.

El desierto, ya lo hemos dicho, no es solamente un lugar propicio para la confrontación en medio de las dificultades, es también un lugar para la purificación, ya que nos da la capacidad de reconocer que situaciones complejas de nuestra existencia acontecieron para dar paso a un nuevo impulso y para ayudarnos a entender que aunque el camino de la vida nos conduzca en más de una ocasión a nuestro propio desierto, éste siempre servirá para fortalecer cada vez más las expectativas que tenemos frente a la vida y que en muchas ocasiones pueden ser meras ilusiones vacías o carentes de sentido.

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