¿Dónde están los vecinos de mi vereda?

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Imagen por: Sandra Patricia Romero Sarmiento – Facilitadora EDC – ACPO- Cundinamarca.

Nos pusimos en la tarea de investigar por qué al caminar por una vereda no se ve gente, tan solo salen los perros al encuentro; y nos preguntábamos cual será la causa ¿el desplazamiento forzado?, ¿la poca oferta laboral en el campo?, ¿la falta de oportunidades educativas?, ¿la violencia?, estarán ocupados trabajando sembrando la tierra, recogiendo las cosechas, alimentando los animales, ¿qué estarán haciendo, dónde están?

Así que decidimos ir a visitar a don José, un habitante de la vereda Loma Alta a una hora de camino del casco urbano del municipio de Silvania en el departamento de Cundinamarca; con botas, cámara, esfero y libreta de apuntes comenzamos este trayecto.

Saliendo del casco urbano de Silvania se observa gran cantidad de gente en los colegios, en el sector comercial, en las calles, en los supermercados en fin por donde miráramos había gente, llegamos a la panamericana la vía que conduce de Bogotá a Girardot y si más gente, carros, montallantas, estaciones de gasolina.

Nuestro primer punto de llegada fue un pequeño caserío a la entrada de una vereda llamada las Villas y también habían varias personas en el pequeño comercio que funciona allí, nuestra caminata hasta este punto ya era algo agotadora, tuvimos que hacer una primera parada para hidratarnos por el calor de esta región.

Al continuar con nuestro recorrido montaña arriba ya se veían menos personas 1 o 2 pasaban por la carretera, y al tomar por una de esas trochas para llegar a la casa de don José solo encontramos perros y más perros, vacas, gallinas y uno que otro gato. Le puede interesar Las Cartas del Campo: mensaje de una campesina al pueblo colombiano en época electoral

Llegamos a casa del campesino José

Don José ya nos tenía un delicioso jugo de chachafruto o balú muy típico de la región, le preguntamos entonces por qué tanta soledad por estos caminos y a qué se debía; él muy prudente al responder nos contaba que la mayoría de habitantes cada ocho días bajan al pueblo y se abastecen de insumos necesarios para toda la semana.

Por su parte, los esposos en su gran mayoría trabajan en construcción, salen muy temprano de las casas y las señoras se levantan temprano, mandan a sus hijos a las escuelas cercanas, les dan de comer a los animales que estén criando, hacen el aseo de la casa, el almuerzo y se encierran a mirar televisión.

Luego, más tarde llegan los hijos, los esposos y siguen haciendo lo mismo todos los días; por esa razón la junta de acción comunal del sector ha querido que ellas se formen realizando capacitaciones en la elaboración de lácteos y cárnicos, panadería y manualidades.

 Pese a la motivación que se les hace ellas asisten a las capacitaciones las dos primeras clases y ya no vuelven, pierden el interés muy rápido, el profesor de la vereda las ha motivado diciéndoles que por lo visto se “tomaron la casa por cárcel” porque mantienen encerradas y no se capacitan.

 Don José siente tristeza de saber que gente tan joven desaproveche tantas oportunidades que les brindan y después se están quejando que no hay oportunidades en el campo.

Por: Sandra Patricia Romero Sarmiento – Facilitadora EDC – ACPO- Cundinamarca.
Editor: Ana María Rizo Díaz. Periodista – Editora.

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