Esculturas frutícolas adornan a la capital frutera de Colombia: Anolaima

La plaza central del municipio de Anolaima se engalana con colores vivos que emanan cientos de frutas, esas mismas que atraen a cientos de turistas curiosos que han venido aquí para conocer a la llamada capital frutera de Colombia.

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Como de costumbre, cada año en el mes de junio los anolaimunos festejan y agradecen la fertilidad de sus tierras. Lo hacen con arcos frutícolas elaborados por ellos mismos. Usan guadua para la estructura y frutas, cultivadas en estas tierras, para adornar las figuras que han creado. A esta tradicional celebración se le conoce como Corpus Christi, en ella convergen actos religiosos y actividades artísticas y culturales en honor al Día Nacional del Campesino.

Son cuatro días de celebración, pero los preparativos comienzan meses antes. Cada familia ha de reunirse para decidir con qué figura concursará, pues los mejores arcos son premiados por el gobierno municipal el último día del Corpus. Es así como la creatividad de los campesinos se pone a prueba, entonces sólo queda tener ingenio y paciencia.

La inauguración de la fiesta es en la mañana del viernes, mientras las bandas marciales desfilan, algunos campesinos llegan a la plaza principal del municipio a instalar la estructura de sus arcos, el primer y más importante paso. Incluso, algunos ya han empezado días atrás, pues quieren hacerlo con calma y a conciencia, como ellos mismos aseguran. Una vez armada la estructura se añaden frutas, flores y semillas para su decoración. Para esto no hay instrucciones, cada arquero decide qué ponerle a su arco y de qué manera hacerlo.

La naranja y la mandarina son las frutas más predominantes en los arcos. Antes de ser instaladas, son puestas con sumo cuidado dentro de una malla plástica, para luego poder amarrarlas con piolas y cuerdas a la estructura. Rafael Ortiz, un campesino que llegó a instalar su arco desde el martes, usa puntillas para sostener la piola con la malla, lleva toda la mañana del sábado martillando bajo un sol radiante que señala 20°C de temperatura. Sobre el medio día, Rafael ya ha clavado cientos de puntillas y está a punto de terminar la decoración, ha utilizado 58 canastillas de naranjas para elaborar su arco, una carroza empujada por dos caballos, inspirada en la colonial Cartagena de Indias.

Mientras los arqueros dan los toques finales a sus creaciones, los turistas van llegando a la plaza atraídos por la música y el jolgorio. Los vendedores, artesanos y músicos del municipio, salen a las calles a exhibir sus productos y creaciones con la esperanza de que las fiestas sean motivo para tener unos pesos de más en sus bolsillos.

El domingo se perciben muchas más personas en las calles. Algunas atraídas por los actos religiosos, yacen desde temprano en las escaleras de entrada a la Catedral del municipio. Otras han esperado hasta la tarde para ver las comparsas y desfiles que, a ritmo de carranga y música campesina, recorren el municipio entre risas, aplausos y algarabía.

Al llegar el último día de la celebración, los arqueros remueven la fruta y se disponen a venderla, es la forma de recuperar parte de la inversión en su arco. Los turistas aprovechan, negocian y al final se llevan una bolsa o quizá un bulto de la fruta que deseen. Hay de todo, mango, piña, papaya, mamey, cacao, chirimoya, aguacate, tomate, plátano, cubios, ahuyama y mucho más, pues la ubicación geográfica de este municipio lo hace idóneo para cualquier tipo de cultivo. Así que todo lo que aquí se siembra, se cosecha.

Los arcos y sus arqueros son los auténticos protagonistas de la celebración, ellos reciben con cordialidad a los visitantes y responden las preguntas de aquellos que nos interesamos en su trabajo. Muchos de ellos han invertido grandes sumas de dinero en elaborar su arco, además de tiempo y esfuerzo físico. Nadie les pide que lo hagan, pero construir los arcos, es para ellos una forma de mantener viva una tradición campesina que poco a poco va desapareciendo.

La fiesta termina con alegría para los campesinos por el deber cumplido, pues ellos engalanaron al municipio con sus arcos y, sobre todo, con su creatividad y empeño. Ahora que mostraron el empuje que se gesta en el campo, deben regresar a sus labores.

Por: Lina María Serna. Periodista.

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