Fundación San Tarsicio, sirviendo con amor

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Fundación San Tarsicio es el fruto del esfuerzo del padre Hernando González Antolínez y las personas de la comunidad parroquial quienes al ver las necesidades médicas de muchas personas deciden crear un centro de atención en salud que favorezca el bienestar de los más necesitados.

 

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Por Camilo Agudelo Linares

 

La Fundación San Tarsicio nació en diciembre de 1994 por iniciativa del padre Hernando González Antolínez junto con las personas de la comunidad parroquial de San Tarsicio. Desde su fundación el objetivo no ha sido otro sino servir con amor, entregando el tiempo y el conocimiento a favor de los necesitados.

El padre González, al ver que muchas personas de la comunidad no tenían los recursos necesarios para acceder a servicios de salud y no contaban con ninguna atención por parte del Estado, decidió, con varios laicos profesionales, tales como médicos generales, odontólogos, psicólogos y enfermeras, crear un centro médico que funcionara en las instalaciones de la parroquia y que trabajara para ayudar a todas las personas que necesitaban de atención y cuidado. Los profesionales que decidieron hacer parte de la Fundación San Tarsicio optaron por donar su tiempo sin exigir nada a cambio y trabajar a diario por el bienestar muchos.

A esta causa noble se unió la comunidad parroquial a través de la donación de una gran cantidad de medicamentos e instrumentos para dotar el centro médico, práctica que sigue siendo impulsada por todos las párrocos que han sucedido al fundador hasta nuestros días.

Anualmente se atienden en la Fundación San Tarsicio aproximadamente a 1.500 pacientes por año, dentro de los que se encuentran personas de muchas partes de Bogotá, puesto que no se necesita ningún requisito para ser atendido y los medicamentos son completamente gratis. La Fundación San Tarsicio cuenta con varios médicos generales, psicólogos, odontólogos y enfermeras, además de un buen número de voluntarios que ayudan en la clasificación de los medicamentos donados, ofrecen sus servicios todos los días y cuentan con el apoyo de la comunidad y, por supuesto, del párroco actual.

Esto es un claro ejemplo de servicio con amor; alrededor de esta causa hay muchas personas cuyo único propósito no es otro sino servir a los hermanos que no cuentan con recursos y necesitan ser atendidos. Esta fundación constituye un ejemplo vivo de testimonio que hace concreto el amor de Dios para los demás, un amor que lleva a muchos de estos profesionales laicos a entregar su tiempo y sus conocimientos en pro del bien de otros.

La Iglesia hoy necesita personas creyentes que unan sus esfuerzos a favor de aquellos que requieren atención; necesita manos dispuestas a trabajar en bien de la sociedad para que sea cada vez más humana y más cristiana; necesita hombres y mujeres que se empeñen en luchar por aquellos más olvidados que no cuentan con ningún tipo de apoyo; y, finalmente, necesita nobles causas, como la Fundación San Tarsicio que sean vivo reflejo del amor de Dios manifestado en el servicio a los hermanos.

 

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