Jóvenes rurales en Colombia viven en la invisibilidad

Invisibilidad significa que existe, pero no se tiene en cuenta. Se trata de una de las manifestaciones mas crueles de la exclusión social y conduce a su perpetuación. Niega a los sujetos el derecho al reconocimiento y a su identidad social.

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Hoy 2.6 millones de jóvenes viven en el campo colombiano. Las jóvenes rurales constituyen un sujeto múltiple de gran complejidad, heterogéneo y contradictorio. No obstante, ha sido históricamente invisibilizado, fruto de una visión urbanocentrica y reduccionista de la juventud.

Los jóvenes rurales se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad frente a sus pares urbanos, con menores oportunidades de acceso a una educación de calidad y a empleo decente. Le puede interesar: Jóvenes campesinos le apuestan al liderazgo en el campo

Según un informe reciente del Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural- RIMISP, casi el 40% de los jóvenes rurales está en situación de pobreza y el 17% se encuentra en condición de indigencia. Este último porcentaje es 3.5 veces superior al de los jóvenes en la zona urbana.

Mientras entre los jóvenes urbanos sólo el 1 % no sabe leer ni escribir, entre la juventud rural tal porcentaje asciende a 3. Apenas el 21% de los jóvenes rurales completa la educación media y tan solo el 6% continúa con educación superior.

¿Qué significan estas cifras?

Estas cifras se traducen en desesperanza y en una lectura negativa de la vida rural. El resultado: el éxodo masivo a las grandes ciudades en búsqueda de mejores condiciones de vida. Si bien la migración significa el abandono de su entorno significante y asumir los riesgos de adquirir ciudadanía en la comunidad de destino, para los jóvenes rurales se plantea como la única alternativa de desarrollo personal.

No obstante, este imaginario juvenil de progreso automático muy pocas veces se corresponde con la realidad concreta, y estos migrantes forzados suelen tener un pobre desempeño en el mercado laboral urbano. Ser migrante es una marca que no se quita, siempre se es una persona de afuera que nunca es capaz de integrarse del todo.

En ese contexto, las políticas públicas orientadas a los jóvenes rurales requieren de una mirada multidimensional, con acciones interdisciplinarias que atiendan su problemática, con metodologías innovadoras que excedan el sector agropecuario.

Hoy la escasa oferta de programas para la juventud rural se basa en una mirada urbana sin adaptación a lo rural o, en el mejor de los casos, en estereotipos forzados de los jóvenes rurales. Le puede interesar: ‘Aulas multigrado’ permitirán cerrar brechas en la educación rural

Estudiar y conocer el fenómeno para entender el problema

Conocer un fenómeno implica la capacidad de dar cuenta de su complejidad interna. Cuando hablamos de las juventudes rurales no estamos haciendo referencia a un grupo homogéneo: jóvenes afro, jóvenes indígenas, jóvenes desmovilizados, jóvenes insertos en territorios de conflicto, entre muchos otros más, construyen su identidad de diversa forma.

Por ello, las respuestas de las políticas públicas para la inclusión social y económica de los jóvenes deben ser ajustadas a la situación de las juventudes rurales, visibilizando sus particularidades y teniendo en cuenta la estructura de oportunidades de los contextos territoriales, superando por tanto el tradicional sesgo urbano.

Además, se debe propiciar canales de participación que permitan a los jóvenes rurales ser protagonistas del proceso y hacer oír su voz en las decisiones que afectan sus vidas y sus futuros.

Los jóvenes rurales de hoy son distintos a sus generaciones anteriores. Acceden a más oportunidades de formación y están mas conectados con el mundo urbano.

Por tanto, debemos dejar de usar mapas viejos para transitar caminos nuevos. Solo así podremos mejorar la situación y la perspectiva de vida de los jóvenes rurales y convertir la invisibilidad en reconocimiento pleno de su ciudadanía rural.

Por: Mariana Córdoba – ACPO.
Editor: Ana María Rizo Díaz. Periodista – Editora

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