Javier de Nicoló, el padre de los jóvenes

Javier de Nicoló dedicó parte de su vida y ministerio al trabajo con los jóvenes de las calles.

 

Javier de Nicoló

 

Por Nicolás Galeano

 

Javier de Nicoló es el nombre de aquel sacerdote que quedará en el corazón y en la memoria de miles de jóvenes que tuvieron la oportunidad de conocerlo, de compartir y de aprender junto con él, el verdadero sentido de la vida. Él mismo afirmaba refiriéndose a los jóvenes: “Si tienen trabajo y se sienten útiles a la ciudad, su vida tiene sentido”.

Todos aquellos jóvenes que vivieron en las 40 Casas de Juventud que tuvo en el país, encontraron en él a un hombre que con amor y disciplina logró que la esperanza renaciera para reencontrar su camino en la vida.

Fue el padre Javier quien logró, con la creación del Idipron (Instituto para la Protección de la Niñez y la Juventud), que en Bogotá se dejara de hablar de los gamines, para verlos y entenderlos como jóvenes en riesgo; en muchos casos como habitantes de la calle pero con todas las posibilidades para lograr su resocialización.

El padre Javier fue el primero en entender la realidad de estos jóvenes en riesgo y por ello, dedicó su vida a ellos, siempre decía que le gustaba trabajar con los jóvenes entre 15 y 24 años. “cuando a ellos se les trata y enseña con cariño, aprenden más rápido”, decía. Fue siempre a través de la promoción de estudios técnicos, de la cultura y las artes que buscó que todos estos muchachos reconstruyeran su proyecto de vida.

El homenaje que le rindieron más de 40 mil personas con globos blancos y otros colores en las exequias del padre Javier de Nicoló, es una muestra concreta de que transformó la vida de muchos jóvenes con su obra; esta muestra de agradecimiento es también un llamado a la sociedad bogotana y colombiana para que no se abandone esta generación de jóvenes.

“El padre Javier de Nicoló nos enseñó que la vida es solo sueños, esperanzas y lucha, nos enseñó el mundo de una forma diferente y que independientemente de sus necesidades tiene posibilidades de vivir en un mundo distinto”, dijo uno de los “hijos” del salesiano.

 

 

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