La casa campesina

¿Cómo era y cómo es hoy La Casa Rural? la Habitación del Campesino.

Por Carlos Hernán Prada Ochoa*

La Casa Rural ha sido  para los colombianos un espacio muy especial, del que la mayoría tenemos unos buenos recuerdos y, por lo tanto, un gran afecto, ya que ha representado un valor sentimental incalculable.

En algunos casos con paredes de tabla, en otros de bahareque y arcilla, algunas de tapia pisada y una que otra de bloque o ladrillos. No importaba si el techo era de palmas, de zinc, de teja de barro o de Eternit, el piso en tierra, ladrillos, tablas o cemento.

La Casa Rural    

La Casa Eural se arreglaba con mucho esmero, haciéndole reparaciones, pintándola, decorándola con hermosos jardines, con muchas plantas ornamentales en materas  colgadas en las soleras al rededor  en sus pequeños o amplios corredores, que hacían ver esa casa rural como un altar o como un pesebre muy atractivo; aunque la luz eléctrica y el agua no habrán llegado.

Ese gusto por la Casa Rural se basa en cuanto la mayoría de los colombianos hemos tenido alguna experiencia de vivir, así haya sido por unos pocos días, en una casa rural. Unos  porque allí nacimos y vivimos nuestros primeros años, otros,  porque, en el campo han visitado a sus abuelos, a los tíos o a los mismos papás y en ese largo o corto tiempo hemos adquirido ese afecto por la casa rural.

Así fue la casa rural que conocimos en Colombia, en tierras calientes, amplias y escuetas, con chinchorros colgados en los corredores o en los árboles, o con cañizos a la sombra del patio para descansar a medio día o al anochecer. En climas fríos las zonas son más  cerradas: con ventanas pequeñas y con una taríma en la cocina  para reunirse y abrigarse toda la familia al rededor del fogón en noches y tiempos de frío.

Pero con el correr de los años y con tantos cambios surgidos, se ha venido perdiendo el interés por la Casa Rural, se ha descuidado, se ha dejado deteriorar. No hay tiempo de cultivar los jardines, ni los frutales, el arreglo ya no se asume como responsabilidad o deber propio de la familia, hoy hasta para curar una gotera, se espera que el gobierno aporte la teja y,  que para otras reparaciones, el  acalde ponga el cemento y los ladrillos.

Ahora se creé que en vez de la casa rural, es mejor el apartamento en el conjunto o en la gran urbanización de la ciudad. Nos han ilusionado de que allí se cuenta con todos los servicios, sin tener en cuenta que el aire es contaminado. Y que el agua no es limpia y si es costosa,  y que no se cuenta con la armonía de los sonidos de la naturaleza, el canto de  los pájaros, el croar de las ranas, el chirrido de grillos y chicharras, el sonido del aire en los árboles y del  río que se pueden apreciar desde la casa  rural. En el apartamento de ciudad ¿para dónde se ve?

Y para completar, a muchos jóvenes no les gusta que los asocien con el campo, no saben lo que se están perdiendo. Sería bueno no dejar olvidar esos valores y volver a rescatar tantas cosas hermosas  de nuestros campos  y esos encantos de la casa rural.

*Piedecuesta, Santander.
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