La escuela rural no puede seguir repitiendo el currículo urbano

Los recursos naturales, en el actual contexto rural, son muy distintos a la ruralidad de hace 20 o 40 años atrás.

Por:  Roosvelt Andrés Ramos Osuna
Pubicado tambien en: LA CRÓNICA DEL QUINDÍO.COM

Evocando al viaje epocal, hay que reflexionar sobre los procesos educativos inmersos en encuentros con el otro y lo otro, es decir, cuando la educación se construía en colectivo entre los lugareños rurales donde había la cooperación y solidaridad comunal hacia las familias rurales, con su contexto natural, y extrayendo de la naturaleza lo necesario para la supervivencia misma sin alterar los ecosistemas, sin olvidar lo histórico indígena como filosofía heredada a los campesinos.

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Ese encuentro con el otro campesino y la otra familia es imprescindible para el ejercicio educativo y más en temas de la conservación ambiental.

Además, lo político es lo que hace generar posturas críticas que giran a la conservación de la naturaleza, o culturalezas, en espacios donde pueden estar reflejados acontecimientos en otros tiempos actuales, para que se reflejen posturas diferentes a las antropogénicas, en otros tiempos y otras posibilidades. De este modo entendemos las culturalezas como los espacios físicos e intelectuales generados por el ser humano en contextos de la naturaleza y el medio ambiente.

La mirada de antaño

Mientras tanto en la ruralidad de antaño se generaron miradas ecologistas arraigadas en lo ancestral que no se impregnaban del capitalismo hegemónico; donde se disfrutaba de una niñez rodeada del verde de la naturaleza, del trinar agradable e inspirador de las aves, del baño en los afloramientos cristalinos de agua, de los árboles sembrados por nuestros padres y la mentalidad inquieta, activa e inocente de los jóvenes estudiantes, donde primaba el respeto por las personas mayores, aprendiendo de sus historias, relatos y cuentos de antaño alrededor del comedor o del singular fogón de leña, y se promovía la esencia de lo inter-subjetivo donde el comprender era más fuerte y arraigado que el conocer.

Educación en la zona rural

La educación que se imparte en la zona rural y en la urbana, muchas veces es la misma y el currículo rural ha sido la extensión cotidiana del urbano, donde se reproduce la sociedad urbana, las prácticas docentes por lo general son las mismas y no se realiza una educación contextual, es decir, una formación que vaya al tanto de lo que sucede alrededor de la institución educativa rural en lo que concierne a las características emergentes sociales, económicas, culturales, ambientales y tecnológicas en el campo.

El sujeto no es el mismo y mucho menos el estudiante urbano y rural.

Este último tiene unas condiciones de vida opuestas al contexto de vida urbana porque ha sido afectado por las condiciones campesinas de sus familias que le han inculcado el amor por el trabajo de campo, por la naturaleza, por el estudio, pero esas condiciones rurales de antaño han mutado, ya no son las mismas, se han alienado y ahora la modernidad llena de sitios turísticos, de casas campestres y chalets hacen que la ruralidad de antaño se esfume, porque el joven rural no piensa en el otro, no quiere estudiar, ni continuar con las actividades ancestrales de sus familias como conservar su entorno o aprender más de su familia, sino, por citar un ejemplo, trabajar en nuevos oficios rurales como mesero en un hotel rural y otras actividades que han invadido los espacios de producción agropecuaria y han desplazado las mejores tierras de producción agraria por la modernidad y sus múltiples amenazas mercantilizadas.

Ese capitalismo es también mental, pues las prácticas sociales en los pueblos y ciudades tienden a permear las prácticas sociales en la zona rural donde la mentalidad de las últimas generaciones de jóvenes rurales es la migración a los centros poblados para encontrar y capotear la miseria, la delincuencia, la prostitución, entre otras necesidades donde las oportunidades son mínimas en cuanto a calidad de vida para las familias.

Currículo rural, solución a la migración campesina

He ahí un fenómeno social, que a lo mejor termina con la migración rural, pero que desde el currículo se puede contribuir a su solución y optar porque no se convierta en un círculo vicioso a largo plazo. Para que la problemática no sea también educativa, se quiere es que la escuela no sea repetidora social y cultural del sector urbano como lo hacen los medios de comunicación que venden lo urbano como la última espectacularidad.

Se requiere de un currículo validado por sus actores hacia la transformación de lo rural y donde los saberes campesinos sean potentes, activos y dinámicos en la comunidad educativa mediante el diálogo de saberes y la tradición oral porque en estos momentos para el joven estudiante rural es más importante un artefacto tecnológico como la tableta o el celular que las historias de vida de sus familias, los relatos, los cuentos, los mitos y leyendas rurales que van acompañados de la idiosincrasia, las costumbres y tradiciones agropecuarias.

Es tarea de la institución educativa llenar esos vacíos cognitivos porque la verdad, hablar de escuela rural y campesino presenta divergencias y vacíos.

Esto se debe en parte a que las asignaturas del currículo no están adaptadas para el contexto y tejido social rural, no hablan en consenso, además las asignaturas no enseñan para la vida del campo como la soberanía y seguridad alimentarias, las semillas nativas, la agroecología y el perjuicio de los agrotóxicos y la revolución verde, lo cual puede constituirse en una emergencia de interdisciplinariedad, pues la solución no está en una sola disciplina.

En la actualidad el análisis es opuesto y es factible entender que el campo ha cambiado, la ruralidad no es la misma, en estos momentos, en la naturaleza, ese trinar de las aves se silencia lentamente, los afloramientos de agua están contaminados, los árboles han sido deforestados y la mentalidad de los jóvenes se ha alienado o mutado.

Promover la producción del propio alimento

Contrario a esto, podríamos decir que la mayoría de culturas indígenas promueven su producción de alimentos de manera sostenible y en comunión con la naturaleza, de tal manera que existen para el futuro maneras de cultivar la tierra pero por las generaciones próximas garantizando implícitamente en el interior de estas comunidades la formación cultural asumiendo identidad y sentido epistémico.

Una transformación que se puede dar desde estos aspectos educativos es asumir las raíces indígenas de producción de alimentos por las instituciones educativas, es decir que desde esa dimensión interna indígena,  se pueda catapultar la dimensión externa, esto desde el sentido, que los colegios enseñen las prácticas ancestrales indígenas y campesinas, me atrevería a afirmar que conocemos más sobre el currículo europeo y no sobre el currículo indígena nativo, ahí existe un gran potencial para que adoptando y adaptando las concepciones sagradas de los ancestros en la producción de alimentos con una mirada en el interior del currículo se puedan tomar esos saberes que impactan su entorno de forma positiva.

Diálogo con los saberes indígenas

Sumado a esto, conozco muchas investigaciones educativas que han dialogado con las culturas indígenas desde lo alimentario pero son productos de anaquel que se guardan sin tener la aplicabilidad real y contextual, es obligación entonces de nuestros profesionales en ciencias agrarias el compartir procesos educativos desde la cuna misma de la producción campesina como son los indígenas, para que desde la investigación educativa en universidades y la direccionalidad que puede darle el ministerio de educación nacional de Colombia se facilite apuntalar la seguridad alimentaria con cimientos sólidos y cosmología propia del país.

Esto es importante porque complementando el fondo del tema de la investigación universitaria esta se limita a salir de la guarida de pensamiento solo en los momentos de sustentación cuando los créditos y el prestigio se ofertan, pero de nuevo ingresan a su madriguera universitaria sin que haya trascendencia investigativa, ni mucho menos impacto en las comunidades sujetas de investigación.

 

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