La Parroquia campesina, casa de comunión y tradición

La parroquia es ante todo casa de comunión, de encuentro y fraternidad. Leticia recuerda como en su infancia al repicar las campanas de su parroquia todas las miradas se dirigían a este lugar, a la parroquia donde se encontraban todos para las eucaristías.

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Foto: Esacademic

Por: Edwin José Pico Acuña.

La parroquia  encierra el lugar de encuentro donde se vive y se celebra la fe. El repicar de campanas a la aurora anuncia a todos los habitantes en un pequeño pueblo de un caserío de una vereda que están de fiesta, que es hora de dirigir sus miradas y partir al encuentro, de participar de la eucaristía.

Esto recuerda Leticia con mirada firme, recuerda cuando de la mano de sus padres y a lomo de mula abrían camino por las empinadas montañas para llegar al casco urbano donde se encuentra la parroquia. Y es en este lugar, la parroquia donde desde niña aprendió a vivir la fe y el encuentro con Dios.

A la parroquia a la celebración de la misa no se iba de cualquier manera. Eran los domingos y en las fiestas de guarda donde se sacaba del armario el mejor vestido, todo lo mejor que se tenía para ir a la parroquia. Porque en la parroquia no se encontrarían con cualquier persona, era en la parroquia donde estaba Jesús, y donde se encontraría con todos los habitantes que jubilosos esperaban que llegara el día del Señor, el domingo para participar de la eucaristía dominical.

Al repicar de las campanas, en medio del silencio, el canto de los pájaros y la dulce brisa de la mañana, emprendía su peregrinación rumbo a la parroquia. Una parroquia campesina donde todos llegaban desde sus veredas  para celebrar y vivir la fe. Fe que recibieron y heredaron de sus padres.

Al llegar a  la parroquia no podía faltar su mantilla para poder ingresar y participar, al entrar por la puerta principal siempre los hombres se sentaban de lado izquierdo y la mujeres a la derecha entrando. El respeto y la admiración por todo lo que se celebraba en este lugar. Al repicar el último toque de campanas iniciaba  la misa, todas las miradas se dirigían al altar donde el sacerdote con reverencia y respeto celebraba la eucaristía.

Leticia recuerda como al finalizar la eucaristía, todos pasaban al atrio de la parroquia, y en este lugar todos hablaban compartían, todos se conocían era el lugar de encuentro, de fraternidad donde todos compartían sus cosas, donde hablaban de sus cultivos de sus familias, de sus estudios.

En parroquia siempre se celebraban los acontecimientos y fechas más importantes  no solo de la iglesia sino también de toda la comunidad. Fiestas religiosas y civiles todas eran en la parroquia.

La parroquia siempre con los brazos abiertos acoge a todos ricos y pobres, niños y ancianos todos en la parroquia entorno al sacerdote, para celebrar el encuentro y vivir como una familia entorno a la iglesia, como comunidad fraterna.

La parroquia para Leticia como para muchos ha sido ese lugar de encuentro de tradición, donde se ha formado la verdadera familia parroquial. Leticia fue una parroquiana como muchos que han encontrado sentido a su fe gracias  al valor de la vida parroquia.

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