#Opinión ¿La ruana en extinción?

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Algunos dicen que abriga hasta el alma. No existe prenda más versátil, pero son cada vez menos las manos colombianas que la tejen.

Pocos la venden. Aún menos la producen. Y son contados los que la usan, ¡casi todos hipsters y/o extranjeros! Parece ser que la ruana está desapareciendo.

No obstante, de alguna manera resiste como uno de los más importantes símbolos nacionales. Fue el regalo especialmente elegido para el Papa Francisco y a nivel mundial las azafatas de Avianca son reconocidas por sus bellísimas ruanas rojas. En Cómbita, se tiñó de rosa para homenajear a Nairo Quintana, emulando el color del uniforme con el que el ciclista brilla a nivel mundial.

De los orígenes

Poncho, sarape, ruana, cushma, el nombre varía según cada región. Se trata de una manta cuadrada sin mangas. Con una abertura en el centro, creada por los antiguos habitantes de Latinoamérica. La momia de Angualasto hallada en San Juan, Argentina, da fe de su larga historia. En efecto, de una antigüedad estimada de 5.000 años, la momia portaba un poncho que fue hallado en excelente estado.

Como casi todo en Colombia, la ruana habría sido el producto del encuentro de la cultura indígena y la española; plasmada en la fusión del chicarate muisca y el capote español. Otras teorías afirman que el nombre se tomó de los géneros introducidos por los españoles desde la ciudad francesa de Ruan.

El municipio de Nobsa, Boyacá, es un importante centro artesanal que se destaca por su trabajo en lana y se reconoce como la capital mundial de la ruana. Tradicionalmente, las ruanas se fabrican de manera artesanal por familias campesinas en un telar y se realizan con lana 100% virgen,.

La crisis

Los artesanos enfrentan varias barreras para lograr que su obra sea rentable y se ven forzados a abandonar sus actividades; frente a la invasión de ruanas ecuatorianas y chinas, aunque no existen cifras oficiales.  Entre los principales obstáculos se encuentran la debilidad del movimiento asociativo, la ausencia de canales de comercialización; que conduce a intermediaciones abusivas-, y el limitado acceso a asistencia técnica, créditos y a herramientas tecnológicas. Hacer ruanas no es un negocio competitivo.

La elaboración de ruanas se realiza en contextos de marginalidad económica y social. El 68% de los tejidos artesanales de Nobsa son desarrollados por mujeres. El máximo nivel educativo alcanzado por la mayor parte (68%) de los artesanos es el grado 11. Solo el 4% cuenta con formación técnica.

Además, el oficio de la producción de ruana se transmite de manera informal, en el contexto familiar y se concentra en el aspecto técnico del proceso, omitiendo aspectos económicos-financieros que hacen a la sostenibilidad de la actividad.

Salir de la crisis

 En un contexto adverso, los artesanos de la lana luchan por mantener su oficio ancestral y se aventuraron a innovar buscando nuevas formas de hacer la ruana para responder a las necesidades del mercado.

En efecto, la edición 2017 de Expoartesanías contó con la participación de los artesanos de Nobsa con la colección “Creemos una tierra hecha a mano, tejedores de paz 2017”. Para realizarla asistieron al II Workshop de Moda Artesanal impartido por reconocidos diseñadores.

Así, el encuentro entre artesanos y diseñadores permite a los primeros variar su portafolio y ofrecer más variedad al público, para ampliar su mercado. En 2017 Exporartesanías tuvo 80.000 visitantes y generó $16.000 millones de pesos en ventas; lo cual evidencia el dinamismo y potencial del sector.

No obstante, es necesario ir más allá. Se debe propiciar el fortalecimiento del los artesanos en la estructuración de un modelo de costos que se articule a los procesos de producción y comercialización; incluyendo todos los eslabones de la cadena productiva artesana, de manera que puedan obtener ganancias justas por su valioso trabajo.

Además, se debe atender los procesos asociativos y el acceso a tecnologías, y fortalecer las capacidades empresariales de las unidades productivas.

Finalmente, no debemos olvidar que la ruana es un poderoso símbolo de la resistencia cultural del campesinado cundiboyacense y es un “tesoro de la patria.”

¡Póngase la Ruana, Sumercé!

Por: Mariana Córdoba – ACPO.

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