Certificaciones a internos privados de la libertad en el municipio de Cáqueza, Cundinamarca

Estas personas se graduaron del curso ‘Mi proyecto de vida en el campo,’ a través del cual buscan potenciar sus capacidades para construir un futuro distinto.

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Foto: Mi proyecto de vida en el campo.

El día 19 de septiembre en horas de la mañana, gracias al apoyo y gestión del personal del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario – INPEC de Cáqueza, celebramos la certificación de 28 internos del centro penitenciario quienes son estudiantes de Escuelas Digitales Campesinas – EDC. Se vivió una mañana intensa marcada por la participación de los internos en las actividades lúdicas programadas y dirigidas por integrantes de ACPO. La jornada terminó con el almuerzo preparado por ellos mismos.

Estas personas se graduaron del curso ‘Mi proyecto de vida en el campo,’ a través del cual buscan potenciar sus capacidades para construir un futuro distinto.

En el patio los internos parecen esperar con ansias la llegada de los integrantes de Acción Cultural Popular – ACPO, la fundación que dio el curso ‘Mi Proyecto de Vida en el Campo’, de la mano de la Fundación Bolívar Davivienda – FBD. Los funcionarios de la entidad llegan a la cárcel a entregar los certificados que demuestran que cumplieron con el curso.

Se trató de un día diferente. Cuando llegan los integrantes de ACPO, muchos de los presos los saludan emocionados de la mano, y rápidamente corren a ubicarles sillas para que la visita se sienta bien atendida.

Enseguida empiezan las actividades. La hermana Elita, coordinadora regional de ACPO y a quien los internos le llaman “profe”, abre el evento presentando a los demás integrantes de la Fundación. Ella acompañó a los internos cerca de cuatro meses como profesora del curso.

Más adelante, de las actividades del día se apropian los internos y son ellos quienes se toman el micrófono, tanto para hablar sobre el curso, como para agradecer.

Eduardo, de jean y saco rojo con flores se toma la palabra y en medio de sonrisas empieza a orar agradeciendo el nuevo día. Durante sus palabras a Dios, asegura que el curso del que hoy se gradúa, le ha ayudado a él a sus compañeros. Todos escuchan atentos. (Le puede interesar: Las Cartas del Campo: Los sueños de los jóvenes presos en Cáqueza, Cundinamarca )

Historias de vida

Mientras los demás internos se roban el show con el karaoke cantando a grito herido vallenatos de Diomedes Díaz, otra de las actividades del día, los demás privados de la libertad procuran aprovechar el tiempo para cruzar palabra con alguien distinto.

Miguel está contando los días, según le confió a la periodista que acompañó la actividad. Emocionado cuenta que le quedan cerca de dos semanas para salir de la cárcel después de cumplir una condena  10 años que le pareció eterna, que vivió entre la Cárcel de Girardot, la Modelo de Bogotá y la de Cáqueza.

Es el peluquero de todos los internos, y de ahí su sueño de salir a estudiar peluquería. Pero también quiere estudiar agricultura pues tiene su finca en el departamento del Huila, donde viven sus dos hijos de 4 y 10 años de edad, a quienes no ve hace dos meses. “Me gusta el campo y de eso quiero vivir con mis hijos”, expresa durante la conversación.

Cada persona que toma el micrófono para cantar o pronunciar alguna palabra de agradecimiento o reflexión frente al curso y al evento, es aplaudida con fuerza y admiración por parte de sus compañeros.

Así en medio de las diferentes conversaciones sobre las historias de vida de algunos de ellos, llega el momento de la entrega de las certificaciones, y uno a uno pasan orgullosos de haber logrado culminar el curso. Le dan la mano a cada una de las personas de la Fundación. Abrazan a la hermana Elita, y le piden una foto con “la profe”, mostrando el cartón.

La jornada finaliza con un carnaval colombiano que se tomó el patio de la cárcel. Una de las actividades que había preparado una de las integrantes de ACPO. Bailan desde la música de la frontera brasileña, la samba, hasta la guabina, la salsa, el mapalé y la carranga.

Todos con una sonrisa en el rostro siguen los pasos de la funcionaria. Procuran aprovechar el tiempo y en un círculo aplauden y celebran el logro alcanzado. Así termina esa tarde, en medio de fotos, risas y baile, esperando que ese proyecto de vida de cada interno pueda ser una realidad en el futuro.

Por: Equipo Editorial El Campesino.

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