Lo que no sabíamos de los árboles

No cabe duda de que los árboles todos son perfectos. Los árboles son organismos vivos, de un gran tamaño, que están pegados a la superficie de la tierra mediante las raíces, las cuales sirven no solo de amarre, sino también de órganos de nutrición.

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Foto: LaVozdeGalicia.es

El árbol es un ser vivo, sin facultad de caminar, pero que crece y se alimenta y fructifica. Entre las maravillas de la creación, el árbol después del hombre, es una de las más extraordinariamente hermosas. Individualmente cada árbol representa una chispa de energía creadora encerrada en una semilla muchas veces diminuta.

La semilla del eucalipto, por ejemplo, es de una pequeñísima bolita, tan pequeña que se podrían recoger más de 20 entre el dedo índice y el dedo pulgar pues esa semilla diminuta, colocada en el seno de la tierra, con buenas condiciones,  se desarrolla un árbol que a los 5 años ya puede tener 20 metros de altura, fuera de las raíces.

El cuerpo de los árboles se forma en su mayor parte por los elementos del aire y del agua, y solo el 4% de su peso está formado por los minerales de la tierra. Todavía más: el 85% del peso de un árbol es agua pura y solo un 15 %  es material seco. El árbol es como un lazo de unión entre la tierra, el aire y el agua, y entre el suelo mineral y los organismos animales.

El árbol es el laboratorio natural más asombroso, dentro de la semilla diminuta va ese increíble equipo de física, de química y de fuerzas biológicas, que produce miles de transformaciones y miles de combinaciones y miles de formas admirables. Los árboles producen para la tierra, para el hombre, para los animales, numerosos beneficios.

La reflexión tras los aportes

Visten la tierra y equilibran las masas superficiales del suelo. Un planeta con árboles es muy bonito la luna se ve fea tras los telescopios, porque no tiene árboles. En cambio marte se ve hermoso porque parece que tiene árboles. Desde marte se vería también la tierra hermosa con su vestido de árboles sobre los continentes que afloran del mar.

Los árboles dan alimentos a los animales y al hombre. Las aves del cielo sobreviven picoteando los frutos de los árboles. Muchísimos frutos consumidos por la humanidad provienen de las ramas fecundadas de los árboles. Muchas medicinas además, son producto de la explotación de los frutos, de las hojas, de las ramas, de la corteza, de la médula o de las raíces de los árboles magníficos.

La madera, el carbón, muchas fibras provienen de los nobilísimos amigos del hombre, que además nos dan su hermosura para adornar los alrededores de nuestras casas, nuestras fincas, nuestros caminos y las calles y jardines de nuestras ciudades. Cuando decimos que un árbol es perfecto no estamos diciendo nada raro, sino simplemente una verdad común.

Pero a lo largo del camino de cada uno de nosotros, siempre nos detenemos a contemplar de vez en cuando la hermosura de un árbol .A veces se trata de un humilde arbolito, de cuya belleza no nos habíamos antes ocupado.

Pero otras veces se trata de árboles gigantes, que sobresalen en los bosques o aportan un aspecto notable en el paisaje, u ofrecen una protección especial dentro de las normales o anormales condiciones de nuestra vida. Siempre se siente un grato y sano placer a la vista de los árboles aún en las selvas hostiles, los árboles siempre nos sobrecogen de amor y de respeto.

Y en los áridos lugares donde el sol castiga, un árbol o un grupo de árboles con amable sombra, un jardín con bellas flores, o un huerto con sabrosos frutos, nos hacen gozar como una reminiscencia del paraíso. El árbol no exige paga ninguna para los servicios que presta durante siglos.(Le puede interesar: La calidad del aire y la tala de árboles: razones por la que se movilizaron los bogotanos)

Muchas veces no solo siembra el hombre, sino que los siembra el viento. Otras veces lo cortamos y lo martirizamos. Y lo único que hacemos para darle las gracias, cuando nos detenemos a contemplar un árbol magnifico es decir: “este es un árbol perfecto”.

Fuente: El Campesino, edición impresa
Editor: Nancy Paola Calderón Gómez. Periodista – Editora.

 

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