Los guardianes de las semillas

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En Colombia existen varias comunidades que se encargan de proteger y preservar las semillas criollas y tradicionales. 

Por: Andrés A. Gómez Martín.
textura de las semillas de calabaza
textura de las semillas de calabaza

A propósito del reciente debate sobre las semillas, su propiedad intelectual, su uso, compra y distribución, algunas organizaciones campesinas se han dado a la tarea de resguardar las semillas de usos tradicionales o campesinos. Con la llegada de las semillas certificadas, los campesinos y pequeños agricultores se han cuestionado sobre el uso de  materias primas  certificadas.

Es así como en regiones de Boyacá y de Nariño,  algunos campesinos han tomado la decisión de agrupar  sus  mejores semillas con la finalidad de hacer frente de manera pacífica a las empresas extranjeras y de esa forma conservar sus alimentos y garantizar un mínimo en términos de seguridad alimentaria.

Un reciente estudio de la Universidad Pública de Boyacá, encontró que en el  departamento algunos campesinos han guardado semillas de  varias clases de frijol silvestre de alta calidad, que es resistente  a las plagas. Estas clases de semilla de frijol se intercambian en los mercados campesinos  de la región, donde otros campesinos también exponen semillas  criollas o llamadas semillas ancestrales.

En el departamento de Nariño también algunos campesinos han conservado semillas, en este caso de maíz chulpe. Con la ayuda de  cooperación internacional entidades sin ánimo de lucro  se encargan de difundir en  los territorios talleres de cuidado y de mejores formas de cultivar la tierra, pero con parámetros de sostenibilidad y cuidado con el ambiente.

En medio de un ambiente agrícola que parece estar en constante tensión debido a la industrialización de los alimentos y de los cultivos, pero también de estudios que demuestran la difícil situación del agro colombiano, en donde según los últimos datos del DANE,  más del 80 por ciento de los pequeños agricultores se encuentran en situación de pobreza, no deja de ser alentador que se conserven los saberes propios de los campos, acumulados por décadas trabajando la tierra.

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