Madre Laura: La evangelizadora de los indígenas

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Madre Laura fue pionera en la evangelización que comulga y respeta los valores culturales de cada comunidad.

 

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Por Andrés Felipe Lasso

 

La misión es sin duda alguna la característica que más habla de la vida de la Madre Laura, la primera santa nacida en territorio colombiano. Su entrega a las comunidades indígenas, marginadas y olvidadas en una sociedad que todavía discutía su naturaleza humana y de hijos de Dios, le dio a su labor pastoral un sello de vanguardia en el reconocimiento de la persona y de su dignidad. Nada de esto tiene sentido si no nos acercamos a la fuente de su inspiración, la relación con su amado, el Señor que la invitó, como dijo el Papa Francisco en su canonización, citando a San Pablo: a ser “toda a todos”

“En su obra de evangelización Madre Laura se hizo verdaderamente toda a todos, según la expresión de san Pablo (cf. 1 Co 9,22). También hoy sus hijas espirituales viven y llevan el Evangelio a los lugares más recónditos y necesitados, como una especie de vanguardia de la Iglesia.”

Defensora de los derechos humanos, la dignidad de la persona y el respeto por la cultura

En 1965, fruto del Concilio Vaticano II y de la reflexión acerca de la relación fe-cultura, la iglesia abrió la puerta a una relación de respeto y reconocimiento de los valores culturales de las comunidades, lo cual de ninguna forma es contradictorio la buena nueva de Cristo.

“Pero al mismo tiempo, la Iglesia, enviada a todos los pueblos sin distinción de épocas y regiones, no está ligada de manera exclusiva e indisoluble a raza o nación alguna, a algún sistema particular de vida, a costumbre alguna antigua o reciente. Fiel a su propia tradición y consciente a la vez de la universalidad de su misión, puede entrar en comunión con las diversas formas de cultura; comunión que enriquece al mismo tiempo a la propia Iglesia y las diferentes culturas.” (Gaudium et Spes, n. 58)

Muchos años antes, de que la Iglesia revelara al mundo la constitución Pastoral Gaudium et Spes (7 de diciembre de 1965), la Madre Laura ya practicaba una pedagogía de evangelización que no despojaba al indígena de sus raíces culturales, sino por el contrario, le permitía encontrarse con Cristo y su amor fuera de marginaciones y clasificaciones anti humanas y anti civilizadas, lo cual demuestra la iluminación de esta mujer que iba muchos pasos adelante en el tiempo, siendo, de cierta forma, una evangelizadora y defensora de los derechos humanos y el patrimonio cultural.

No faltan quienes piensan que la catequización debe principiarse por hacer que los indios boten la paruma para vestirse el pantalón; que olviden su lengua primitiva para reemplazarla por la castellana; que destruyan sus bohíos y se alojen en casas; que se les arranque por la fuerza de un mandato o de una disciplina marcial sus tradiciones y costumbres seculares para que adopten lo que ven con horror en aquellos que con más o menos responsabilidad y quizá inconscientemente ha causado la ruina casi total de su raza. Esto, sobre imposible, es cruel.”

La Madre Laura, con su labor y misión deja un mensaje de tolerancia y respeto al mundo de hoy, que parece alienado por el individualismo y la cultura del descarte y la discriminación, lo cual se evidencia, por ejemplo, en nuestro país, en el desconocimiento a las minorías, entre ellos los indígenas.

 

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