“A mí me tocó estar dentro del grupo armado por mi papá y por mi mamá, porque yo nací allá”

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Con solo 20 años, Flor Aida Campo, es capaz de impresionar a todo un auditorio al contar su historia. Y así lo hizo este miércoles durante un conversatorio denominado ‘Las oportunidades del campo en un escenario de posconflicto’, en donde agradeció que se busque la paz y que le hayan dado una segunda oportunidad. 

Por: ElCampesino.co

“A mí me tocó estar dentro del grupo armado por mi papá y por mi mamá, porque yo nací allá. Perdí a muchos de mis compañeros que eran niños dentro de ese grupo armado, niños que tenían sueños, anhelos, metas que se les quedaron enterrados en la selva. (…) Hace un año con 7 meses a mi mamá le dieron de baja, y mi papá no sé si estará vivo”, dijo la joven reinsertada de las FARC.

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Flor Aida volvió a la vida civil hace dos años. La Agencia Colombiana para la Reintegración la acogió y hoy en día trabaja en el Parque Panaca de Quimbaya, Quindío. Como ella la Agencia ha reintegrado a cerca de 57 mil desmovilizados desde el 2002 y más de 13 mil tienen algún tipo de empleo tal y como lo tiene Flor Aida en Panaca.

Esta empresa tiene a 16 reinsertados en su equipo de trabajo de más de 800 trabajadores, y son ellos los más reconocidos por su cumplimiento y responsabilidad en comparación con la media del total de personas que trabajan allí.

Ella está muy agradecida y así lo hizo saber al decirle al presidente Juan Manuel Santos que valora que siga con el proceso de paz, “a pesar de las críticas de las personas que no entienden que muchos de los que estamos allá merecemos una segunda oportunidad; que no somos ningunos terroristas; muchos de nosotros estamos allá porque nos tocó tener unos papás así y muchos de los niños que están allá es porque les tocó esa vida”.

La joven no pudo evitar que su voz se quebrada al recordar lo vivido, pero persiste la alegría en su vida y las ganas de salir adelante, mucho más después de que aprendiera lo que es quererse a sí misma.

“Yo era una de las niñas que pensaba que la vida no tenía sentido. Yo decía: ‘¿por qué Dios me creó mujer? ¡Qué asco!’. (…) Aprendo acá en el Parque Panaca lo que es amarme a mí misma, a tener autoestima con los animales. De ellos aprendí a sentir como mujer ese dolor de madre cuando recibí el primer parto de una cerda (…) y yo dije ‘gracias Dios por haberme creado como una mujer porque sé que algún día voy a sentir lo que está sintiendo esa cerdita'”.

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