Miedo, sí, pero no tanto

Fracaso, muerte, enfermedad, soledad, violencia, son algunas de las realidades que causan miedo en las personas.

Por Nicolás Galeano

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El ser humano alberga dentro de sí un gran número de sentimientos que lo llevan a expresar su alegría, su inconformidad, su tristeza, su dolor, en fin, sentimientos que van surgiendo conforme se va desarrollando su ciclo de vida y que lo han llevado en muchas ocasiones a sentirse orgulloso, emprendedor, realizado, pero a la vez frágil, inseguro e indispensable.

No hay duda de que uno de los estados más dramáticos para el ser humano es el del miedo, el cual ha estado presente en el desarrollo de su historia y ha sido en más de una ocasión el autor de múltiples fracasos, desaciertos, dudas e inseguridades, de injusticias y en casos aún más extremos, de muerte.

Todos, como humanos, hemos experimentado en ciertos momentos de nuestra vida el encuentro con el miedo, desde sus presentaciones más simples, que más de una vez ha podido generar inseguridad o falta de confianza, hasta sus representaciones más adversas, como son el fracaso, la muerte, la soledad o incluso el miedo hacia otras personas. Es impactante ver como en muchas ocasiones el miedo es capaz de doblegar o impedir ciertas metas o proyectos que albergamos dentro de nosotros mismos, miedo que ciega nuestras capacidades y cualidades y que entorpece nuestros objetivos establecidos.

No es ajeno a cada uno de nosotros que el miedo es un factor que ha logrado no solamente alterar, en ocasiones, nuestro propio proyecto de vida, sino que también ha logrado alterar la buena marcha de la sociedad, y es que éste ha sido inserto en nuestro espacio habitual de convivencia por nosotros mismos, basta solo con ver a diario los múltiples episodios de inseguridad, de discriminación, de guerras, de muertes injustas y sin justificar, que han sembrado en muchos no solo miedo, sino desolación y dolor.

Es por ello que en nuestra sociedad debe resonar las palabras del Papa Francisco que en más de una ocasión nos ha invitado a hacer frente al miedo con las armas de la alegría, de la bondad y de la misericordia, armas que nos ayudan a recobrar la confianza y la seguridad tanto en nosotros mismos como en los otros. Sólo estos instrumentos nos ayudarán a ir apartando de nosotros aquellos miedos que nos impiden realizar nuestras metas, acercarnos a los otros, tomar decisiones radicales para cada una de nuestras vidas, ver el futuro con esperanza y claridad, para comprometernos cada vez más a ser personas capaces de abandonar aquellas inseguridades que hay en cada uno de nosotros y a llevarnos a descubrir las enormes capacidades, cualidades y riquezas que poseemos y que nos ayudarán no solo a ser cada día mejores sino que de esta manera nos iremos convirtiendo poco a poco en instrumentos y signos de certeza y seguridad y no de miedo y desconfianza.

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