Milagro es encontrar una persona como San Pedro Claver

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Milagros en vida y después de muerto porque fue capaz de asemejarse a Jesucristo.

 

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Por Rubén Gil

 

Milagros de un hombre muy particular, hacen que sea reconocido como el santo más famoso entre los siglos XVII y XVIII. San Pedro Claver se destacó por su atención y entrega sin medida a sus hermanos los esclavos africanos; tanto así que él mismo se hacía llamar “el esclavo de los negros”. San Pedro Claver fue un misionero jesuita español que vivió más de cuarenta años en Colombia, país donde se consagró al servicio de los esclavos negros y donde finalmente murió.

A este santo se le atribuyen milagros no solamente después de su muerte sino inclusive estando en vida. Muchos de estos testimonios se encuentran en el libro Proceso de beatificación y canonización de san Pedro Claver. Uno de estos milagros en vida es el siguiente: Refiere el doctor Adán Lobo: En el hospital de San Sebastián, en la cama número once, estuvo un soldado enfermo que quedó ciego; y habiendo llegado el tiempo del sueldo que se acostumbra pagar en este hospital a los que están enfermos, le quitaron la plaza a éste, diciendo que hacía más de un año que estaba en el hospital enfermo y ciego y sin esperanza de ser útil al servicio del rey; por lo cual quedó el enfermo muy desconsolado y afligido, y haciendo llamar al padre Pedro Claver, le pidió que rogara al señor gobernador de esta plaza, que en aquella época era Don Pedro Zapata, que ordenara se diera la plaza a aquel enfermo, porque no tenía otra forma de vivir. Y si bien el padre lo pidió al gobernador, no se lo concedió diciendo que no podía darlo porque los oficiales reales lo negaban por verlo ciego e incapaz para el servicio del rey. El padre entonces hizo una pomada y con un paño la aplicó al ciego sobre los ojos; y visitando este testigo la enfermería y encontrando al ciego con el emplasto en los ojos, regañó duramente al enfermo preguntando quién había hecho aquel emplasto y quién se lo había puesto al enfermo. El mismo ciego respondió que el padre Pedro Claver se lo había puesto, y este testigo ordenó que se lo dejaran. Al día siguiente apareció el enfermo con su vista muy buena y el padre Claver logró con los oficiales reales que le dieran la plaza, como consta en los libros de la Contaduría Real. A este santo le sobraron los milagros para su proceso de beatificación y canonización, puesto que después de su muerte la cantidad de milagros era de gran cuantía. Para su proceso de beatificación le fueron aprobados dos milagros de los muchos que se habían realizado en su nombre. El primer milagro fue la curación de Micaela García de Saavedra de una enfermedad interna, una metritis. El segundo milagro fue la curación de María Torres que sufría de un aneurisma o tumor en el brazo, producido al cortarle una arteria en el brazo derecho por haberle hecho una mala sangría. Le salió un tumor como una naranja de grande y fue desahuciada. La llevaron ante el sepulcro del padre Claver y le pusieron una estola del santo. Poco a poco, fue cediendo el tumor hasta quedar como una almendra y luego sin dejar rastro alguno.

Para muchos de los esclavos que lo conocieron el mayor milagro no provenía de sus dones sobrenaturales sino del mismo hecho de que existiera una persona capaz de dar la vida por ellos.

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