Milagros del Padre Pio

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Milagros tienen como verdadero autor a Dios, a quien debemos dar gracias, tal como lo enseñó el Padre Pío.

 

Por Nicolás Galeano

 

Los milagros son considerados expresiones de lo sobrenatural. Se puede decir también que un milagro es un fenómeno que ocurre distinto de las leyes naturales y obedecen a una fuerza más avanzada, la voluntad de Dios

Toda la vida del Padre Pío estaba llena de milagros, muchos de ellos extraordinarios pero a la vez sencillos, aquí algunos de ellos, que hicieron creíble la bondad del Padre Pío de Pietrelcina y su ternura hacia aquellos que esperaban de Dios una ayuda de en medio de sus dificultades y necesidades.

Un milagro que se ha atribuido como el primero del Padre Pío ocurrió en 1908. En ese momento él vivía en el convento de Montefusco. Un día en que él fue al bosque a coleccionar los alazanes en una bolsa; quiso enviar una a Pietrelcina a su tía Daría. Ella siempre había sido muy afectuosa con él. La mujer recibió y comió los alazanes y guardó la bolsa de recuerdo. Días después, Daría  estaba buscando algo en un cajón dónde su marido normalmente tenía polvo. Era de noche, y ella se alumbraba con una vela, cuando de repente; el cajón se incendió. Daría fue alcanzada por el fuego. En un instante, ella agarró la bolsa que contuvo los alazanes del padre Pío y se la puso en la cara. Inmediatamente su dolor desapareció y ninguna herida o marca de la quemadura permaneció en su cara.

Seguido de este milagro, se cuenta que durante la segunda guerra mundial, en Italia, el pan se racionó. En el convento del Padre Pío había siempre muchos invitados más los pobres que siempre iban allí pidiendo comida. Un día los Frailes se encontraron con que apenas tenían dos libras aproximadamente de pan. Todos los hermanos oraron antes de sentarse a comer. El Padre Pío entró en la Iglesia, y rato después regresó con muchísimo pan en sus manos. El Superior le preguntó al Padre Pío: “¿Dónde usted ha encontrado pan?” El Padre Pío contestó: “me los dio un peregrino en la puerta”. Nadie habló, pero todos pensábamos que sólo el Padre Pío podía encontrar a ese peregrino.Padre Pío

Testimonio de una madre: “Mi primera hija, nació en 1953; el Padre Pío, le salvó la vida en forma repentina y milagrosa. En la mañana del 6 de enero de 1955 mi marido y yo estábamos en la iglesia para asistir a la Santa Misa y nuestra hija estaba en casa con su abuelo. Repentinamente aconteció un accidente, y nuestra hija se quemó con una olla de agua caliente. La quemadura era tan grande como grave; le abarcaba desde el estómago hasta la parte de atrás. El doctor recomendó hospitalizarla inmediatamente; porque podía morir debido a su estado de suma gravedad, por esta razón él no nos dio ninguna medicina. Desesperada al ver moribunda a mi hija, en lo que el doctor se fue, invoqué fuertemente al Padre Pío que interviniera urgentemente, mientras me preparaba para llevarla al hospital, ya casi era la hora del medio día; cuando de pronto la niña que estaba sola en su cuarto me llamó: “Mamá, mamá, ya no tengo ninguna herida”. ¿Y quién ha desaparecido tus heridas?, pregunté asustada y con gran curiosidad. Ella contestó. “mamá el Padre Pío vino, él sanó mis heridas poniendo sus manos llagadas sobre mi quemadura”. Para asombro de todos, realmente no había ninguna seña ni marca de que hubiera alguna quemadura en el cuerpo de mi hija, estaba completamente sano, cuando unos minutos antes el medico la había desahuciado.

Estos son algunos relatos milagrosos que el Padre Pío realizo durante su vida y después de su muerte, hoy sigue intercediendo por aquellos que con fe y devoción se acogen a su patrocinio  y favor, sin olvidar, por supuesto, la confianza absoluta en Dios, quien es el verdadero autor de todo milagro.

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