Milagrosas apariciones, presencia de Cristo en la tierra

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“Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28:20)

Apariciones de Jesús

 

Por Nicolás Galeano

 

Después de resucitar, Cristo se apareció en más de una ocasión a sus discípulos y demás seguidores; en cada una de estas apariciones, el Señor los alentaba a seguir con esmero, paciencia, fortaleza y amor en la misión encomendada por Él mismo de hacer discípulos a todas las naciones, propagando así el mensaje de la salvación; el Evangelio.

Las apariciones del Señor, manifestadas en más de una ocasión, como así lo narran los evangelios, fueron la ocasión para fortalecer la fe de muchos de sus discípulos, pero también para hacerlos dudar, como en el caso de Tomás, que hasta no haber visto al Señor y haber pedido signos palpables de su resurrección no creería.

La promesa del Señor, antes de ascender a los cielos hoy sigue siendo vigente, a tal punto de que no solo sus discípulos dieron fe de ello, sino que también cada creyente, por su fe, así lo ha constatado: “Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28:20). Por medio de esta promesa, echa un día a sus discípulos, el Señor no ha querido desentenderse de este mundo al subir a los cielos, como así lo expresa uno de los prefacios de la Ascensión, sino que ha querido seguir haciendo camino con y en medio de su Iglesia peregrina en la tierra, para animarla, nutrirla, acompañarla, manifestando así numerosas pruebas de su amor, testimoniadas a través de los tiempos.

Algunos Santos y santas tuvieron la oportunidad de dialogar con Jesús, incluso presenciar sus apariciones, muchos de estos sucesos experimentados por algunos santos estuvieron acompañados de profundos mensajes por parte del Señor, el cual exhortaba a llevar una vida cada vez más piadosa, una fe cada vez más convincente y a tener una confianza inquebrantable en Dios. Como no recordar, por ejemplo la aparición del Señor a Pablo, que rumbo a Damasco, seguía con su labor de perseguir a aquellos que profesaban su fe en Jesús, es aquí donde el Señor se interpone en su camino y tal fue este encuentro con Aquel a quien perseguía Pablo, que después de él se obro su conversión. O la aparición del Señor al Obispo San Martín de Tours, quien antes de ser obispo servía al ejercito romano, y que al encontrase con un mendigo tiritando de frío le ofrece la mitad de su capa para arroparse, a la noche siguiente se le presenta Jesús vestido con la media capa para agradecerle su gesto. Como no recordar también la aparición de nuestro Señor a Santa Margarita María Alacoque quien contando solo con 25 años de edad, tuvo la primera visión de Jesucristo, que se repetiría durante dos años más todos los primeros viernes del mes, y que fue en 1675 donde Jesús se le manifestó con el corazón abierto, señalando con la mano su corazón. O la aparición del Señor a Santa Faustina Kowalska, presentándosele como el Señor de la Misericordia, pidiendo así a la humanidad una entera confianza en su infinita misericordia.

Cada una de estas apariciones son signos visibles de la presencia del Señor en medio del mundo, de su Iglesia y en especial, de aquellos que aunque sin haber visto, por la convicción de la fe siguen sintiendo el palpitar del Señor en medio de sus vidas y son, a la vez testigos alegres de las maravillas que el Señor ha realizado en sus vidas y seguirá obrando en cada una de ellas.

Santa Faustina KowalskaSan Matín de ToursSanta Margarita Alacoque

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