Mujeres campesinas afectadas por discriminación

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Las mujeres campesinas en Colombia además de estar encargadas de la crianza de los niños y de los quehaceres del hogar, son responsables de una parte clave del proceso productivo – el cuidado de las semillas – y a pesar de ello, sufren por el trato diferencial y la baja remuneración.

Por: Daniela Ballesteros Novoa
Practicante del Colegio Tilatá.

La mujeres campesinas son víctimas de un tratamiento desigual en diferentes aspectos, como por ejemplo, el acceso a la tierra, lo cual se demuestra al revisar las cifras del movimiento internacional “Vida Campesina”, donde han identificado que las mujeres son propietarias de tan solo el 2% de las tierras al nivel mundial.

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Según el PNUD las horas que las mujeres dedican a tareas relacionas con el cuidado y no son remuneradas son equivalentes al 20% del PIB. Por esta razón, es importante invertir en la productividad de la fuerza laboral, pues es un trabajo de gran valor para la sociedad y genera subsidio para la economía del país.  En el mismo sentido, según datos del PNUD de 2011, se observa el trato discriminatorio de la mujer en la valoración de su trabajo, pues el 31,3% de ellas no son remuneradas por las actividades que realizan en el terreno doméstico, productivo y comunitario.

Según los últimos datos del censo nacional agropecuario, cerca de un 60% de las decisiones de producción de la tierra en el área rural son tomadas por hombres y el 40% restante por mujeres. Adicionalmente, para las mujeres campesinas es más difícil ser dueñas de su propia tierra, en la medida en que tiene menor acceso a financiación, asistencia técnica y maquinaria. Es así como, según resalta Margarita Correa, Vicepresidente ejecutiva de Bancamía, las mujeres cabeza de familia no disponen de tiempo suficiente para largos recorridos que suponen el ir a la ciudad para llevar a cabo un proceso de solicitud de crédito, lo cual unido a su bajo nivel de escolaridad, prácticamente las excluye del sistema financiero.

Frente a ésta situación es clara la necesidad de intervención gubernamental, financiando un programa de educación, con extensión al campo agrícola.  De igual forma, tanto el Estado como la sociedad civil y organizaciones comunitarias debe generar campañas para cambiar la mentalidad de la sociedad civil, para que el cuidado doméstico en las zonas rurales no continúe siendo una actividad asignada exclusivamente a la mujer campesina.

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