Pedro Opeka, el sacerdote que convirtió un basurero en ciudad

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Pedro Opeka, sacerdote vicentino de origen argentino, ha entregado su ministerio y su vida sacerdotal a los más pobres de Madagascar. Conozcamos su historia.

 

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Por Andrés Felipe Lasso

 

Seguramente lo primero que venga a la cabeza de muchas personas al escuchar la palabra Madagascar sea la historia de Alex, Melman, Marty, Gloria y los diferentes personajes de la exitosa película que lleva el nombre de este país africano; o la diversidad de especies endémicas de esta región como los lémures. Pero más allá de esto hay una realidad que nadie puede obviar y es que Madagascar a pesar de su riqueza natural es uno de los 20 países más pobres del mundo, cuenta con una población de 22 millones de personas de las cuales el 90 % cuenta con menos de 8.000 pesos al día, contando que el promedio de hijos por familia es de 6.

Antananarivo la capital del país malgache (gentilicio de Madagascar), hace más de 30 años vio llegar al Joven Padre Pedro Opeka cuando contaba apenas con algo más de 22 años, como misionero de la congragación de San Vicente de Paul, oriundo del otro extremo del planeta: La Argentina .

Lo primero que pudo conocer el hoy Padre Pedro, fue a las miles de personas que en la extrema pobreza sobrevivían de escarbar el vertedero de basuras. Una realidad que definió su vida y su misión y que lo animo a emprender la gran obra con los más pobres entre los pobres, y construir una ciudad con viviendas dignas, escuelas, salud, agua potable pero sobre todo con esperanza en trabajar por un mejor futuro.

Fue de este propósito que nació alrededor del botadero de basura de Antananarivo, la ciudad de AKAMASOA, (palabra malgache que en español significa “buenos amigos”) y que hoy cuenta con 17 barrios y más de 25 mil personas que cuentan con trabajo y escuela para sus hijos y una calidad de vida superior a muchas de las ciudades del País-

Sólo tres condiciones se necesitan para entrar allí: Querer trabajar, aceptar escolarizar a los pequeños y respetar las normas de convivencia, pues gran parte del trabajo que el Padre Opeka ha logrado hacer es el de cambiar la mentalidad de la búsqueda del mero asistencialismo por la del trabajo y la promoción de la dignidad del hombre que está en la capacidad de cambiar y mejorar la realidad.

“Los planes sociales son lo peor que se le puede hacer a un pobre. El asistencialismo debe existir siempre con trabajo. El que no trabaja que no coma” Padre p. Opeka en entrevista para el Clarín de Argentina.

Es un modelo solidario que se sostiene de la venta de productos agrícolas, la venta de la extracción de una cantera que le han venido ganando al basurero, la elaboración de artesanías, utensilios básicos y por supuesto de ayuda internacional de países, instituciones y personas que ven en esta obra una forma de hacer del mundo algo más equitativo.

La obra del Padre Pedro, está en pleno furor y desarrollo, pero lo más importante del caso es que ha fijado los ojos del mundo en los más pobres y demostrado que con trabajo y formación se puede combatir eficazmente la pobreza extrema. Todo es cuestión de voluntad.

 

 

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