#Opinión: ¡La ética nos salva!

"Materia prima sí hay, tenemos con quienes trabajar, pero cabe preguntarse: ¿Cómo afrontar la creciente injusticia que nos agobia y, muchas veces, nos paraliza?", dice Juan Carlos Pérez.

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EFE / Ernesto Guzmán

Que el neoliberalismo regresará ahora a Colombia con más fuerza que nunca y le dará vía libre a más importaciones y a la disminución de los  salarios, incluido el mínimo, el cual sería, según el MinHacienda de Duque “ridículamente alto”; que ya se oyen  los clarines de guerra; que la justicia ahora sí se fue de vacaciones para siempre; que la recuperación del agro ya no será…¡Y que los ciudadanos nada tenemos qué hacer!

Ese es, a grosso modo, el panorama que nos pintan en estos días muchos medios y otros tantos líderes de opinión.

Pero, claro, también está la otra cara de la moneda que parecería incomprensible a primera vista: “El 73% de los colombianos se siente optimista sobre su futuro, y el 62% estima que las cosas en su municipio están por mejorar”, como lo revela una encuesta del Centro Nacional de Consultoría. (Habría un detalle a tener en cuenta aquí: la encuesta fue hecha entre el 9 y 12 de julio, ¡en pleno Mundial, cuando el buen ánimo se desborda con la rapidez de un gol de Yerry Mina!)

Lo cierto es que hay muchas preguntas de fondo por resolver en esta Colombia de los contrastes, donde conviven la risa y el sinsabor; el optimismo y el pesimismo y el espíritu emprendedor con  la creciente desconfianza en la justicia, “uno de los problemas más graves del país”, según sentencia el profesor Moisés Wasserman.

“¿Por dónde romper el círculo vicioso?” Es la pregunta del mismo Wasserman. Aún a riesgo de rajarme, intento esta respuesta: ¡Los ciudadanos sí tenemos mucho qué hacer! Es más: ¡Ya lo hemos demostrado! Algunos ejemplos nos pueden motivar: con la Séptima Papeleta los estudiantes demostraron que se podía reformar a fondo  la centenaria Constitución del 86;  años después –en 2011– otros estudiantes (los de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil, MANE) echaron abajo la pretendida reforma a la educación nacional promovida por el gobierno de Santos. Y dos años más adelante  –2013– nuestras campesinas y campesinos demostraron que el tal paro agrario sí existía.

Materia prima sí hay, tenemos con quienes trabajar, pero cabe preguntarse: ¿Cómo afrontar la creciente injusticia que nos agobia y, muchas veces, nos paraliza? Las respuestas están en nuestras propias cabezas y pasan sin duda por un gran compromiso pedagógico que nos interpela a todos como sociedad: hacer de la ética una costumbre.

“La pedagogía es el arte de hacer éticos a los hombres”, decía Hegel. Y ahora una gran filósofa de nuestros tiempos, la española Adela Cortina, nos recuerda que “cuanto más complejas son las sociedades y más cambiantes los entornos, más ineficaces resultan las soluciones jurídicas y más rentables los mecanismos éticos para resolver los conflictos con justicia”.

No es un sueño. Entre todos sí podemos decirle No a los atajos, No a los engaños, y Sí al cumplimiento de los acuerdos y de los contratos… Sí al contrato social. Pero debemos entender que esa no es  una tarea de otros, sino de nosotros, y empieza ya. Y que para avanzar no es necesario reformar las leyes sino  cambiar nuestros hábitos.

Quizás entonces, cuando logremos demostrar que la integridad y la transparencia son bienes públicos, ¡otro gallo cante en nuestra sufrida y querida Colombia!

Por: Juan Carlos Pérez Bernal. Equipo Editorial El Campesino.

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