La sensación que tuve al llegar a Villa Loyola, una hacienda de tierra templada situada a 45 kilómetros de Pasto en el municipio de Chachaguí, fue la de ingresar a un lugar vivo y agradable con 22 grados de temperatura, donde la naturaleza se desparrama en flores y trinar de pájaros, guaduales y cafetales.

Todo un grandioso marco a la hermosa casona centenaria. La finca fue donada en el siglo pasado a los jesuitas del Colegio San Francisco Javier de Pasto y desde allí, se presta un servicio de excelencia a la comunidad campesina del sector.

Los principales cultivos de la finca son café, guadua, pasto de corte y plantas de forraje para el alimento de ganado “estabulado en cama profunda” y, en menor proporción, frutales, hortalizas y los llamados cultivos de “pancoger”. Allí también se tienen retiros y ejercicios espirituales para los alumnos y familiares del colegio. Le puede interesar: La agricultura mundial tendrá un encuentro en el GlobalG.A.P. Summit 2018

El anfitrión nos recibió con una sonrisa y auténtica amabilidad. Es “Joe” Aguilar, un sacerdote jesuita amable y austero, de barba cana, en mangas de camisa, tenis, bluyines y una gorra deportiva. El padre “Joe”, como todos le dicen, es el rector del Colegio San Francisco Javier de Pasto, director de la Fundación Suyusama y, también, el director de las actividades de la Compañía de Jesús en la Región sur en Colombia.

Cuando estuvimos acomodados en el comedor general, él mismo nos sirve el café humeante, con un delicioso y estimulante olor, mientras nos explica: “El café se tiene que servir desde la jarra a unos 25 centímetros de altura de la taza, dejando caer el líquido caliente para que se oxigene y conserve sus características y propiedades…”

El café que disfrutamos es fruto del riguroso proceso orgánico que él mismo introdujo en la finca hace seis años, cuando eliminó, luego de un análisis biológico y químico del suelo, todos los agrotóxicos que se venían utilizando en los cultivos y productos de la hacienda. El Café Villa Loyola ya recibió la medalla de excelencia en 2008 por la Federación Nacional de Cafeteros y The Alliance for Coffee Excellence y es invitado especial en las ferias de café.

Para entender su visión agroecológica, vamos con nuestro guía a conocer los semilleros de variadas hortalizas y de café, todos mantenidos y cultivados con micronutrientes procesados técnica y científicamente en la hacienda. El orden y el aseo son estrictos. Para dosificar y mantener la cantidad y calidad del agua que requieren las plantas, se utiliza un sistema de riego por goteo, alimentado desde reservorios de agua en donde se cultivan algunos peces propios de la región. Así se ahorran recursos valiosos y se evitan desperdicios.

Luego de los estudios de suelo realizados por el P. Joe, apoyado por biólogos y especialistas de la Universidad Javeriana, en los cafetales, cercados con mallas, el suelo ha sido enriquecido con fertilizantes y abonos orgánicos, microorganismos eficientes y biofertilizantes líquidos.

Los controles de plagas son biológicos. La producción de todos estos elementos se realiza íntegra en los laboratorios de la finca. Mezclados con los cafetos y, para darles el sombrío natural que necesitan, crecen árboles plantados estratégicamente. Por allí las gallinas andan libres y los gallineros están dispuestos de acuerdo con los hábitos de las aves que suben a su “habitación” al final del día y bajan al amanecer. Los huevos son, pues, “de gallinas libres y felices”, alimentadas con las hierbas, semillitas y sus nutrientes naturales, sin fertilizantes químicos que agotan el suelo y afectan negativamente a los seres humanos.

Todo el procesamiento del café se realiza en un ambiente higiénico y pulcro. Se utilizan eficientes máquinas e instalaciones, desde el pesaje de las cerezas hasta el tostado y pulverización de los granos. La calidad de la producción es vigilada estrictamente en el sitio y en el laboratorio y el café servido es catado allí mismo.

Una comunidad cercana a los mil caficultores trae su producción a Villa Loyola para que sea procesada. El trabajo del Padre y de la Fundación ha aglutinado y sirve a esta comunidad cercana. La producción se vende en las sedes del Colegio San Francisco Javier, a un tostador de Estados Unidos y, por encargos de pastusos y familias amigas, a Nueva Zelanda, Australia, Japón y Rusia, entre otros. La exportación directa de la Fundación se está haciendo a Italia y Estados Unidos y en la actualidad se está abriendo mercado en Budapest.

La Fundación Suyusama organiza talleres para los campesinos que se vinculan con ella. Son las Giras Agroecológicas, en las que se estudian temas como el análisis de la calidad biológica de los suelos, la producción y transformación del cultivo de café y diversificación productiva. Los visitantes tienen la oportunidad de conocer el beneficio húmedo y seco de café, establos para la generación de abonos, reservorios de agua, lombricultivos  y cultivo de guadua.

Este café orgánico se ofrece en las variedades oro y plata. Villa Loyola se diferencia de otras empresas de café porque permite a los cultivadores no depender del vaivén de los precios internacionales y garantiza un pago justo y la comunidad campesina recibe un ingreso adicional por la exportación.

Además, el proceso de producción se hace bajo los parámetros de sostenibilidad. Todo el trabajo se realiza con la convicción de mantener el equilibrio en la producción, el manejo adecuado y el bienestar común entre suelo-ambiente-producción-familia.

Villa Loyola es ejemplo para muchos y recibe con cita previa a visitantes que pasan allí una semana recibiendo instrucción y entrenamiento para trasladar a otras zonas del país esta maravillosa realidad.

PorBernardo Nieto Sotomayor- Equipo Editorial El Campesino.

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