El tramo final

Bernardo Nieto Sotomayor, miembro del Equipo Editorial de El Campesino, nos cuenta como fue la finalización de su peregrinación y los aprendizajes que esta le dejó

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Cuando los ciclistas se aproximan al final de una competencia deportiva, encuentran señales que les indican cuantos kilómetros hacen falta para culminar la etapa. Aceleran en los últimos kilometros, especialmente en el final, para definir quién se queda con la victoria. 

Hemos recorrido en bus, en tren y a pie más de 800 kilómetros del camino que iniciamos hace dos semanas en Lourdes, Francia. Llegamos a Sarria y estamos a sólo 118 kilómetros para terminar el camino de Santiago de Compostela. A partir de aquí, los caminantes debemos recorrer la ruta a pie, si queremos recibir la “Compostela”, cumpliendo las condiciones  de esta peregrinación milenaria. A diferencia del deporte, en el Camino de Santiago se trata de cumplir cada uno con todas las reglas y no de llegar en el primer lugar y por cualquier medio. Antes de recorrer este último trayecto, quiero compartir algunas reflexiones que me deja esta ruta de peregrinos.

Lo que falta es poco, pero es lo definitivo. 

No importa lo que se haya hecho antes si, al final, lo definitivo se hace mal. Todo hay que hacerlo bien. La mediocridad debe estar ausente de la vida.

Hay que medir las fuerzas para el último tramo. 

Reconocer los limites propios para el trayecto final, permite dosificar la marcha, sin acabar los recursos. 

Quiero y voy a llegar.

A no ser por una razón de fuerza, realmente mayor, caminaré hasta el final.

Lo hecho hasta aquí ha sido muy importante.

Hemos superado muchas dificultades, barreras, dolor, y hemos contado con la ayuda de muchosHemos usado racionalmente nuestros recursos y hemos aprendido a usar bastones que ahorran energía, brindan seguridad, soporte y firmeza a nuestros pasos. Si los sanos los usan, los enfermos y limitados, con mayor razón, debemos usarlos. Hay que saber quiénes y cuáles son nuestros bastones.

Si quiero llegar, tengo que conocer mis fuerzas y mis debilidades.

Aunque el trayecto que falta es corto, quedan etapas que exigen lo mejor de nosotros. Debo cuidar lo que soy y lo que tengo, sabiendo mis debilidades. 

No puedo tomar atajos.

Ni antes, ni en lo que queda, las trampas o los atajos son aceptables. Las normas y las reglas del juego deben respetarse siempre.

Razones para llegar.

Quiero llegar por un compromiso conmigo mismo, libre, responsable y alegre. Nadie me ha forzado. Quiero llegar porque siempre, durante mi vida, he podido cumplir lo prometido. 

Llegaremos juntos.

El camino lo hemos recorrido unidos con quien ha sido mi compañera de vida. Somos uno solo y llegaremos juntos, a nuestro ritmo, hasta el final. Esa fue nuestra promesa y la cumpliremos. Aprendimos a ser sinceros, a mirarnos de frente y a apoyarnos en nuestras debilidades. Este camino es como nuestra vida.

La fuerza nos viene de Aquel que nos unió.

Somos compañeros de camino y de destino. Todo lo podemos en quien nos fortalece y en quien es la razón de nuestra fe y de nuestra esperanza. Iniciamos la ruta pidiendo su gracia para recorrerlo y lo terminaremos testimoniando que hemos cumplido, con la gracia recibida.

Con Dios iniciamos; con El, terminaremos. El destino lo sabemos; el camino nos lo hacemos.

Por: Bernardo Nieto Sotomayor- Equipo Editorial El Campesino.

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