Papa Francisco: Ante las dificultades, no hay que ceder a la depresión

Papa Francisco: Ante las dificultades, no hay que ceder a la depresión
Por: ACPO

“Cuando pensamos en el final, con todos nuestros pecados, con toda nuestra historia, pensemos en el banquete que gratuitamente se nos dará y levantemos la cabeza. Nada de depresión: ¡esperanza!”.

Aun en medio de muchas dificultades, el cristiano no debe ceder a la depresión, subrayó el Papa Francisco en la Misa de la mañana de este viernes 27 de noviembre en Casa Santa Marta. El Papa advirtió que “corrupción” y “distracción” nos alejan del encuentro con el Señor.

Babilonia y Jerusalén: en su homilía, Francisco tomó como punto de partida estas dos ciudades de las que habla la Primera Lectura tomada del Apocalipsis y el Evangelio de San Lucas.

El Papa subrayó que ambas lecturas atraen nuestra atención sobre el fin de este mundo. Y para meditar, observó, nos habla de la “caída de dos ciudades que no acogieron al Señor, que se alejaron” de Él.

La caída de estas dos ciudades, precisó, “tiene lugar por motivos diferentes”. Babilonia es el “símbolo del mal, del pecado” y “cae por corrupción”, se “sentía dueña del mundo y de sí misma”. Y cuando “se acumula el pecado – advirtió – se pierde la capacidad de reaccionar y uno se empieza a marchitar”. Así también sucede también con “las personas corruptas, que no tienen fuerza para reaccionar”.

“Porque la corrupción te da cierta felicidad, te da poder y también te hace sentirte satisfecho de ti mismo: no deja espacio para el Señor, para la conversión. La ciudad corrupta… Y esta palabra ‘corrupción’ hoy nos dice mucho: no sólo corrupción económica, sino corrupción con tantos pecados diversos; corrupción con ese espíritu pagano, con ese espíritu mundano. La peor corrupción es el espíritu de mundanidad”.

Esta “cultura corrupta”, añadió, “te hace sentir como en el paraíso aquí, lleno, abundante”, pero “dentro, esa cultura corrupta es una cultura putrefacta”. En el símbolo de esta Babilonia, estuvo la reflexión de Francisco, “está toda sociedad, toda cultura, toda persona alejada de Dios, también alejada del amor al prójimo, que acaba por marchitarse”.

Jerusalén, prosiguió, “cae por otro motivo”. Jerusalén es la esposa del Señor, pero no se da cuenta de las visitas del Esposo, “hizo llorar al Señor”. “Babilonia cae por corrupción; Jerusalén por distracción, por lo recibir al Señor que viene a salvarla. No se sentía necesitada de salvación. Tenía los escritos de los profetas, de Moisés, y esto le era suficiente. ¡Pero escritos cerrados! No dejaba espacio para ser salvada: ¡tenía la puerta cerrada para el Señor! El Señor llamaba a la puerta, pero no había disponibilidad de recibirlo, de escucharlo, de dejarse salvar por Él. Y cae…”

Estos dos ejemplos, observó, “nos pueden hacer pensar en nuestra vida”: ¿nos parecemos a la “corrupta y suficiente Babilonia” o a la “distraída” Jerusalén? Sin embargo, subrayó, “el mensaje de la Iglesia en estos días no termina con la destrucción: en ambos textos hay una promesa de esperanza”.

Jesús, afirmó, nos exhorta a levantar la cabeza, a no dejarnos “asustar por los paganos”. Estos, dijo, “tienen su tiempo y debemos soportarlo con paciencia, como soportó el Señor su Pasión”. “Cuando pensamos en el final, con todos nuestros pecados, con toda nuestra historia, pensemos en el banquete que gratuitamente se nos dará y levantemos la cabeza. Nada de depresión: ¡esperanza!”, exclamó. “Pero la realidad es mala, hay tantos pueblos, ciudades y gente, tanta gente, que sufre, tantas guerras, tanto odio, tanta envidia, tanta mundanidad espiritual y tanta corrupción -constató-. ¡Sí, es verdad! Todo esto caerá. Pidamos al Señor la gracia de estar preparados para el banquete que nos espera, con la cabeza siempre alta”.

Artículo publicado en la edición italiana de Radio Vaticano y traducido por Aleteia

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