Pobreza, signo característico de Cristo

“Se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza” (2 Cor. 8,9)

Pobreza

Por Nicolás Galeano

Hoy la pobreza se ha convertido en una de la problemáticas más polémicas dentro de nuestra sociedad, a diario se nos informa de casos de desnutrición, de muertos a causa de hambre, de pocas posibilidades de vida, de educación y de salud, de personas que habitan en las calles a la suerte de algún poco de dinero o de comida por parte de otros, en fin situaciones que en muchas ocasiones tienden a ser indiferentes para algunos de nosotros.

Hoy estamos lejos de comprender aquellas palabras de Jesús al momento de dirigirse a los pobres cuando decía de ellos: “Bienaventurados los pobres porque de ellos es el reino de los cielos” (Mt 5,3), y estamos lejos de comprenderlas porque son más importantes nuestros intereses personales, nuestras comodidades, nuestros proyectos y anhelos, vivimos tan concentrados en nosotros mismos que no hay cabida para los demás, en especial para aquellos que son marginados, olvidados, humillados y rechazados por la sociedad a causa de su condición. Frente a todo esto, la dinámica de Jesús fue totalmente contraria ya que para Él la pobreza fue su gran estilo para poder asumir la misión en medio de los hombres, para hacerse semejante a los suyos, para convertirse en siervo, para poder acercarse a las dolencias más profundas del ser humano, fue por esta razón, que Él quiso vivir como uno más, absteniéndose de comodidades y privilegios que muy seguramente habrían entorpecido su misión en medio de los hermanos.

Toda su vida fue un ejemplo constante de pobreza y servicio, que en reiteradas ocasiones invitaba a los suyos a practicarlas y a tenerlas como norma de vida, este estilo de pobreza fue asumido por Cristo desde el momento de su nacimiento hasta el momento de su muerte, sus enseñanzas, su cercanía con los otros, la manera de compartir con los demás manifestaban la sencillez que había dentro de su corazón.

La pobreza de Jesús es de una u otra manera expresión de amor y solicitud frente a cada hombre, pobreza que lo llevó a desprenderse de todo y hacerse siervo, es decir tomar el último lugar para de este modo ser el primero, pobreza que lo llevaría también a despojarse de su misma vida como signo de entrega y consumación total, para de que de esta manera entendiéramos que solo en la pobreza de corazón, en la sencillez auténtica de la vida, en el desprendimiento total de situaciones, ideologías, prejuicios y miedos que tienden a atarnos, podremos comprender que vivir la pobreza desde Jesús es vivir a plenitud el mandato del amor que es capaz de negarse a sí mismo, morir a sí mismo, para poder dar vida a otros, iluminar a otros, enriquecer a otros.

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