Las comunidades rurales, guardianes del oso de anteojos

El hábitat del oso de andino, ha ido disminuyendo a causa de la intervención del ser humano. Según los expertos, la principal amenaza de la especie es la caza.

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Foto: Michael Tweddle

El oso de anteojos es el mamífero más grande de los Andes. Gracias a su basta capa de grasa y pelaje puede soportar temperaturas por debajo de los 4.000 metros debajo del nivel del mar, es una especie conocida como el guardián de los Andes, ya que su presencia beneficia a otros animales como el venado de cola blanca, el periquito aliamarillo, las ranas arlequines y los tigrillos.

Actualmente, esta especie está en peligro de extinción gracias a la pérdida, transformación de su hábitat y cacería ilegal. La mayoría de muertes se debe a que el hombre ha llegado a ocupar el hábitat de esos animales, por ello, el oso termina siendo víctima del ser humano cuando se alimenta de los cultivos y vacas de los campesinos, o ante el temor por un eventual ataque a la comunidad.

Sin embargo, las personas parecen desconocer el valor que tiene esta especie para la superviviencia de los ecosistemas que habita. Néstor Roncancio, asesor en Biología de la Conservación de la Dirección Territorial Andes Occidentales de Parques Nacionales Naturales de Colombia, explica que el oso “representa la integridad ecológica de los ecosistemas de los bosques andinos y de páramo, en esa medida es un referente de conservación para la calidad de vida de las comunidades humanas que hay en estas zonas”. 

El papel de los campesinos como protectores del oso

“La gente no tiene claro que la viabilidad de nosotros como seres humanos en los ambientes andinos depende de la existencia de esta especie. (…) Se debe entender cuál es el vínculo que hay entre estos animales y los servicios que nos provee la naturaleza, y que conservar el oso y la fauna, es garantizar nuestra propia conservación”, dice Roncancio.

Para Parques Naturales, el cuidado y preservación del oso andino es una de las  prioridades, por esta razón en lugares como Tamá, Cordillera de los Picachos, Chingaza, Tatamá, Farallones, Munchique y Las Hermosas se vela particularmente por su protección.

El cuidado y existencia  de este animal está sujeto al trabajo entre las comunidades que conviven con él y las autoridades ambientales encargadas de su preservación. Todo lo que se haga debe fomentar la calidad de vida de las comunidades campesinas y también la protección de esta especie. (Le puede interesar: ¿Cómo garantizar una sana convivencia entre campesinos y felinos?).

Los proyectos para la conservación de su vida

Desde el año 2007 se trabaja en la estrategia ‘Conservamos la vida’ junto con Wildlife Conservation Society (WCS). Dicha iniciativa fomenta la convivencia armónica entre el guardián de los bosques y las comunidades que habitan en su espacio con el fin de evitar disputas. Para esto se han instaurado corredores de conservación con una extensión superior a los 3.800 kilómetros cuadrados que anudan varios Parques Nacionales Naturales.

Como lo indica Roncancio, “Conservamos la vida, se concibe desde diferentes fases, toda la situación de manejo del oso andino: Diagnóstico, planeación puntual de acciones, concertación y trabajo directo con las comunidades, también implementación y monitoreo de las acciones”.

En Colombia se calcula una población cercana a los 8.000 osos, una cifra que ha ido disminuyendo debido al ensanchamiento de la frontera agrícola y la caza, según señala el Programa para la Conservación en Colombia del Oso andino.

Por: Camilo Aldana – Estudiante de Comunicación Social.
Editor: Andrés Neira. Periodista.

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