Ramadán y Cuaresma: ayuno y abstinencia de oriente y occidente

Ramadán es el mes sagrado del Islam en el que se practican el ayuno y la abstinencia. En el contexto del tiempo de Cuaresma que vivimos en occidente, demos una mirada al modo como viven estas prácticas los musulmanes y sus similitudes con las nuestras.

 

Ramadán y Cuaresma

Por Ricardo Esteban González Rodríguez

 

Ramadán es el noveno mes dentro del calendario lunar islámico, y se constituye como uno de los pilares de su fe. El mes de Ramadán se caracteriza por un ayuno estricto de alimento, bebida, relaciones sexuales y critica al prójimo durante todo el mes, desde el alba hasta el anochecer, en conjunto con otras prácticas de índole espiritual.

Ramadán o “mes de la sumisión”, tiene su origen en una antigua tradición musulmana que narra que el Profeta Mahoma se retira al desierto para recibir los primeros versos del Corán (libro sagrado de los musulmanes), recibido por él de parte de Alá por mediación del ángel Yibril, también conocido entre los cristianos con el Arcángel Gabriel, encargado de dar el anuncio de la encarnación de Jesús a María.

A la luz de este hecho, se precia como por ser el Islam una religión que sitúa sus orígenes en Abraham (el padre de la fe), bebe de las mismas fuentes que el judaísmo y el cristianismo que en su conjunto forman las tres grandes religiones monoteístas, es decir, que profesan su fe en un solo Dios.

En este sentido, el ayuno de Ramadán y el retiro del Profeta Mahoma al desierto, encuentran similitudes por ejemplo en el judaísmo cuando Moisés, ayunó por cuarenta días y cuarenta noches para así recibir los Diez Mandamientos (Éxodo 24:18), al igual que en el cristianismo cuando Jesús se retira al desierto y ayuna por cuarenta días y cuarenta noches (Mateo 4:2)

A diferencia del ayuno de Ramadán que exige un ayuno diario, la Cuaresma pide ayuno de manera especial el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, así como también los viernes penitenciales en los que se pide de manera especial la observancia de la abstinencia.

No obstante, el mes de Ramadán no es solo un mes de sacrificio de índole corporal, es para los musulmanes la oportunidad para profundizar en la oración con miras a una perfección espiritual traducida en obras por ejemplo la limosna a los pobres, alimentar al que no tiene que comer ya que por el ayuno prolongado el rico aprende a sentir lo que siente el pobre, es oportunidad para mejorar en el trato con los demás de manera especial con los niños y los ancianos, se aprende a dominar las pasiones a controlar el cuerpo y a sustituir la crítica por el silencio y la oración.

Y en sentido práctico el Ramadán genera identidad entre los musulmanes y refuerza la riqueza de su cultura, en donde quien profesa esta fe se siente unido por el ayuno, a los más de 1350 millones de musulmanes que lo practican alrededor del mundo.

Como vemos el Ramadán y la Cuaresma, en un sentido muy esencial no distan mucho de sus prácticas, y el hecho de que ellas existan puede constituirse como un vínculo de unión y fraternidad entre oriente y occidente.

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