Reforma de equilibrio de poderes

El título Reforma de equilibrio de poderes significó mucho y terminó significando nada.

Por: Hernando Toro Rivas
Directivo de ASOACPO

Así, entonces, la Reforma de equilibrio de poderes fue un tema pomposo, y terminó siendo asunto jactancioso.Los proponentes de la reforma de equilibrio de poderes se quisieron sincerar con el pueblo colombiano a raíz de los escándalos que surgen de continuo en las ramas del poder público y el resultado fue estruendosamente engañoso, porque se ignoraron fundamentalmente los estribos en que se debía superar la ineficiencia y la laxitud.

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Calmados los ánimos después de los lánguidos resultados del debate parlamentario, las cosas siguen igual: los mecanismos de elección de los altos dignatarios del Estado los favorece por aquello de “me eliges, lo elijo”, continuando con la histórica tradición de llevar a las altas cortes, por ejemplo, a los amigos de magistrados.

Colombia sigue afectada del virus de la corrupción y atacada la moral social, porque si la reforma de equilibrio de poderes intentó remediar y ponerle diques para desnudar el estado de cosas anormales, el sentimiento ciudadano quedó en ascuas, atropellado, angustiado, melancólico y decepcionado.

Nos conformamos con un título atractivo, inopinadamente tranquilizador si lo que se propusieron con la reforma de equilibrio de poderes hubiera servido para algo efectivo: los drásticos y esperados correctivos.

Pero la “manguala” política nos sigue oprimiendo y la “reforma de equilibrio de poderes” pasa a ser enmarcada como un novelón con un triste y mal elaborado guion.

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