Sal y pimienta: Démosle sabor a la vida

Ser sal, un compromiso no solamente cristiano, sino también humano

Por Nicolás Galeano

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La sal es un ingrediente indispensable al momento de preparar cualquier alimento ya que tiene como función dar sabor a la comida para que resulte agradable al paladar; sin la sal los alimentos son insípidos y sin gusto.

Pero la sal no es solamente una palabra empleada en gastronomía, también puede ser aplicada al estilo de vida que muchos de nosotros llevamos día a día; en este sentido, la sal viene a significar el sabor, la pasión, la chispa, la expectativa, las motivaciones más profundas en la vida de cada ser humano. Somos conscientes de que el ser humano es un ser emprendedor, cuyo fin es alcanzar la felicidad, la cual brota de lo más profundo de su ser, en sintonía con los demás y con la naturaleza. Es por ello que dentro de cada uno de nosotros hay un cierto sabor que nos hace agradables ante los demás y que los otros pueden percibir a partir de nuestras cualidades y capacidades, de nuestra manera de pensar, hablar o actuar, del modo en el cual nos relacionamos o expresamos nuestros sentimientos; sabor que no nos impide doblegarnos frente a las diversas situaciones que en muchas ocasiones logran perturbarnos y hacernos olvidar que ser sal es mantener vigente el sabor que nos caracteriza y que a la vez nos identifica.

Por esta razón, ser sal es también una gran responsabilidad y compromiso que adquirimos como seres humanos en el momento en que tomamos conciencia de nuestra presencia y labor en el mundo, es en este escenario donde estamos llamados a transmitir la buena vibra, la alegría auténtica, la palabra de aliento y el gesto oportuno frente aquellos que han dejado que las preocupaciones y las dificultades vuelvan insípidas sus vidas haciendo que su sabor se desvirtué. Es de admirar, por ejemplo, el testimonio y la valentía de tantos y tantas que a pesar de los tropiezos de la vida no han perdido la ilusión de hacer de sus vidas una oportunidad más para seguir luchando e ir en contracorriente de sus dificultades, por lo cual se convierten en ejemplo de vida y en estímulo de muchos frente a los desaciertos y contrariedades que la misma vida en diversos momentos nos manifiesta.

Ser sal de la tierra, es entonces aceptar la invitación del mismo Jesús a contagiar de nuestro carisma a tantas personas, lugares y situaciones en donde el sabor se ha ido perdiendo poco a poco, es hacer nuestras, esas buenas palabras y acciones que harán de nosotros tal y como lo expresa Jesús: “lumbreras en medio de la oscuridad, para que los demás, viendo nuestras acciones glorifiquen al Padre que está en los cielos”.
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  1. Andrés Duarte 4 Mayo, 2015, 9:14 pm

    Hola soy seminarista castrense me gustaría saber como puedo hacer para escribir artículos a este respetable periódico
    Eso seria para mi algo gratificante
    Dios los bendiga

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