Ser campesino es un acto de infinita fe

La labor del campo es un claro ejemplo de este fenómeno y su estigmatización en la sociedad actual lo deja rezagado a una actividad despreciable propia de las clases sociales menos favorecidas e inútil a los requerimientos de una sociedad rendida a los beneficios económicos e inmersos en una lucha por escalar en la jerarquía social.

Por: Helbert Leal Borda*

Dice un adagio popular que “El trabajo dignifica y enriquece al hombre”, esté adagio  es oportuno y se justifica más en unas épocas y menos en otras, más afín a la primavera del capitalismo americano y menos oportuno en la actualidad, en la cual, el trabajo se aleja a pasos agigantados de esos privilegios que promete construyendo un muro cada vez más grande entre el trabajo,  la riqueza y la dignidad. La labor del campo es un claro ejemplo de este fenómeno y su estigmatización en la sociedad actual lo deja rezagado a una actividad despreciable propia de las clases sociales menos favorecidas e inútil a los requerimientos de una sociedad rendida a los beneficios económicos e inmersos en una lucha por escalar en la jerarquía social.

Ser campesino es un acto de infinita fe

El campo es entonces un escenario del cual hay que huir despavoridos y aún más si se es joven y se encuentra en la etapa productiva, estamos plantados en una sociedad que abandono la lucha por la tierra y abrazo la lucha por el sueldo mínimo y la calificación en datacredito, en ese contexto para las nuevas generaciones el trabajo de la tierra es poco atractivo como lo muestra los investigaciones del Ministerio de Educación Nacional  sobre las preferencias de los graduados de la educación superior en donde la agronomía, la veterinaria y afines están en un precario  último lugar y por fuera de las 10 carreras técnicas, tecnológicas y universitarias más rentables, el trabajo del campo es solo para aquellas almas especiales  enamorados de la tierra y los animales, y no una forma de lograr calidad de vida,  progreso económico y superación personal.

Puede ser muchas las causas o los culpables, las políticas nacionales e internacionales, la especulación de los mercados, la apertura económica, los tratados de libre comercio, los subsidios o la falta de ellos, o que profesionalizarse en los asuntos del campo termina por especializarse en que fungicida aplicar para controlar las plagas, que monómero  disolver para hacer crecer la mata, o que fármaco administrarle al animal para levantarlo. Al final la sociedad olvido su relación simbiótica con el campo, olvidamos cómo llegamos a ser lo que somos, olvidamos que nuestros abuelos trabajaron la tierra para obtener la riqueza y el sustento para dejarles a nuestros padres la tierra suficiente para convertirlos en dueños, patronos y hacendados, nuestros padres a su vez trabajaron la misma  tierra para obtener los recursos para convertirnos en doctores, abogados e ingenieros en un ciclo que ha tenido su asidero en la tierra y que nunca ha podido independizarse de ella, al contrario la sociedad ha parido individuos que tienen como única misión destruir la naturaleza y todo lo que hay en ella con tal de someterse a los axiomas de la producción en masa a bajos costos y con índices de rentabilidad muy altos,  cómo dice otro viejo adagio popular “Cría cuervos y te sacarán los ojos”.

La labor del campo siempre fue difícil, puede verse en las marcas que deja el trabajo de toda una vida en los rostros viejos de los campesinos llenos de surcos del tiempo como los sembradíos en las praderas, pero es en su reconocimiento y valoración que está el engrane fundamental de la prosperidad para todos,  una sociedad que reconoce la importancia de los trabajadores del campo es una sociedad en vía de desarrollo, las políticas nacionales no deben procurar eliminar al campesino de la ecuación sino eliminar las sogas que lo atan a la pobreza, al estancamiento y le impiden la superación personal, el campesino tecnificado no es aquel que es un pseudo químico farmacéutico consumidor de maquinaria industrial que propone el mercado, un trabajador profesional del campo es el hombre que logra desarrollarse cómo un individuo, que tiene acceso a una educación de calidad, que se encuentra protegido por políticas justas que lo mantengan a salvo de los embates del mercado, de los cambios climáticos y políticos, un profesional del campo es el hombre que deja de ser la materia prima de los actores armados, el recluta de la violencia y carne de cañón. El reto es impresionante pero no imposible, eliminar el prejuicio hacía el campesino y su trabajo es un comienzo importante, dejar el termino campesino que resulta peyorativo en el uso y asignarle el lugar apropiado “trabajador del campo” es un comienzo por hacerlo  parte integral de la sociedad.

*Facilitador Aliado Pedagógico Tabletas para Educar
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