Silencio, que la conciencia quiere hablar

El silencio no es bienvenido en la rutina diaria de muchas personas que viven entre afanes y preocupaciones.

Por Rubén Gil

El silencio se ha convertido en uno de los peores enemigos del mundo moderno y tecnificado. La tecnología y las nuevas culturas invitan a la humanidad a que le huya al silencio. La gran mayoría de personas que habitan en las zonas urbanas se encuentran inmersas en un sinnúmero de sonidos que van desde música, hasta carros, motos, pitos, campanas, anuncios, perifoneo, alarmas… Y todos estos ruidos acompañan a las personas desde que se levantan de la cama hasta que vuelven a ella; y aun en el ámbito del descanso los ruidos no cesan.

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Sin embargo, muchas personas se acostumbran al ruido y es por ello que le temen al silencio. El mercado ofrece cantidad de aparatos electrónicos portátiles que hacen olvidar a las personas que el silencio y la reflexión son necesarios. Escuchar música, ver videos e interactuar virtualmente con otras personas se ha vuelto un común denominador en las sociedades urbanas. Hoy en la calle y en los medios de transporte público muchas personas utilizan audífonos que paradójicamente remplazan un ruido por otro. Ya no bastan los sonidos que el entorno ofrece sino que la misma persona quiere buscar los suyos, que por lo general son ruidosos.

Se habla de dos tipos de silencio, el exterior y el interior. El exterior se refiere a la ausencia total de los sonidos y ruidos que entran por la audición, mientras que el silencio interior se refiere a la quietud del espíritu. Y tanto el uno como el otro son indispensables para el sano equilibrio de la persona. Recurrir al silencio es una opción que actualmente muy pocos escogen.

Claro está que hay quienes dicen que el ser humano nunca experimenta el silencio en su totalidad puesto que la misma naturaleza y el cuerpo humano están constantemente emitiendo sonidos. Es por ello que cabe hacer una salvedad al respecto. Aquí se hace referencia específicamente al silencio de ruidos. Por eso también se debe dejar clara la diferencia entre ruido y sonido. El ruido tiene un espectro acústico desordenado asimétrico y caótico, mientras que el sonido es rítmico y ordenado.

Según la ciencia, el silencio ayuda a reducir el canssilencio1ancio y el estrés; así mismo el silencio reduce el riesgo de padecer problemas de corazón. Por otro lado el silencio mejora el sistema inmune, aumenta las funciones cognitivas, baja la presión sanguínea, hace ver a la persona con un aspecto más joven y aumenta la capacidad de atención. Y en sí todos los anteriores son beneficios corporales del silencio.

Pero qué se puede decir de los beneficios espirituales. La iglesia católica realiza unas prácticas que se conocen como retiros espirituales e incluyen largos espacios de silencio. Para los católicos el silencio en estos ejercicios propicia un encuentro directo con Dios, ayuda a sumergirse en su presencia. En los  retiros espirituales los fieles católicos buscan alejarse de los ruidos que comúnmente perturban la paz espiritual. Por ello mismo en esos momentos de silencio las personas experimentan cierto regocijo interior, después de haber hecho un minucioso examen de conciencia que les ayuda a despojarse de sus cargas.

Por tanto, el silencio no es el monstruo informe que muchos se imaginan; al contrario, es el puente que ayuda a pasar de la perturbación a la calma, del desespero a la quietud.

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