‘El Guamo’, la finca donde se demuestra que es posible cultivar sin agroquímicos

La Finca de doña Lidia Sánchez, es la manifestación concreta de una idea que hace solo unas décadas la agronomía convencional juzgaba imposible: es productivo aplicar distintos métodos de cultivo y sembrar multiplicidad de alimentos sin utilizar insumos químicos, ni hacer uso intensivo del suelo.

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“El interés que sentía por los paisajes y las criaturas vivas era apasionado. Ese interés, débilmente expresado por las palabras «amor a la naturaleza», le parecía a Shevek algo mucho más vasto que el amor. Hay almas, pensaba, a las que nunca se les ha cortado el cordón umbilical. Que nunca se desprenden del seno del universo”: Los desposeídos. Ursula K Le Guin

“Es un sistema que se basa en la diversidad, porque en un pequeño lote se pueden cultivar muchas plantas y entre ellas mismas se cuidan, conservan la humedad y con la materia vegetal que va creciendo protegen el suelo” explica doña Lidia Sánchez, acerca del sistema de cultivo que desde hace 10 años viene implementando en su finca, ubicada en la vereda La Laguna, en el municipio boyacense de Santa Rosa de Viterbo.

Allí se encuentra la Granja integral autosostenible El Guamo, un proyecto pedagógico, agrícola y pecuario centrado en la producción de alimento orgánico, la conservación de semillas nativas y criollas, y últimamente, en el turismo sostenible de la región.

El deseo por aprender y una curiosidad invaluable que no tarda mucho en percibir la persona que conoce a Doña Lidia  es lo que ha traído hasta hoy su lucha por la seguridad y la soberanía alimentaria de su familia. (Le puede interesar: Doña Tulia, una custodia de semillas nativas en Duitama – Boyacá)

Hace más de una década que empezó a asistir a las capacitaciones y cursos ofrecidos por distintas instituciones y también se vincula a organizaciones y colectivos de trabajo solidario. Fue hace diez años, en una de las visitas a una finca en Tocogua, vereda de Duitama, que conoció el sistema de siembra de policultivo y se animó a sembrar hortalizas, aromáticas, frutales, plantas ornamentales y tubérculos, junto a los monocultivos de papa, maíz, haba y frijol que hay en las fincas de la región.

Una parte de la Finca ‘El Guamo’, de doña Lidia. Foto: Alejandra Gutiérrez

Un proyecto que se hace realidad 

Con el tiempo, la diversidad fue ganando espacio y hoy 75 alimentos crecen en algo más de una hectárea de tierra totalmente libre de químicos. Las ramas del frijol, que abrazan las vainas del maíz mientras van creciendo; las fresas, que se extienden entre la quinoa, el coliflor y la zanahoria; y los árboles de tomate, que con su olor protegen al cultivo de las plagas. Esta es la manifestación concreta de una idea que hace solo unas décadas la agronomía convencional juzgaba imposible: es productivo aplicar distintos métodos de cultivo y sembrar multiplicidad de alimentos sin utilizar insumos químicos, ni hacer uso intensivo del suelo.

No es sencillo. Hay que ver la manera en que se comporta Doña Lidia, la generosidad con la que comparte lo que sabe y lo que tiene, y el amor con el que se relaciona con todo lo vivo que la rodea; con las plantas, los animales, la gente, para comprender que este sistema de cultivo expresa en últimas una forma de ver y vivir el mundo.

Doña Lidia. Foto: Alejandra Gutiérrez

“Para cultivar se necesitan tres cosas”, dice doña Lidia –mirando desde un lugar panorámico la granja–, “no se necesita tener un gran espacio para cultivar, si no tiene un solar pueden cultivar en vasijas, en tarros. Por ejemplo, en una caneca se puede sembrar una mata de papa y ahí se da”.

Es una invitación a ser recursivos y animarnos a sembrar con lo que tenemos a nuestro alcance. ¿Cómo conseguir lo que se siembra?. La totalidad de las semillas plantadas en El Guamo son especies nativas y criollas, que han llegado hasta las manos de doña Lidia durante los eventos de trueque de semillas a los que ha asistido en Tunja, Sogamoso, Duitama, Ríosucio (Caldas), además de las personas que han pasado por El Guamo y han dejado allí sus semillas.

“A veces uno recibe dos o tres semillitas y ahí uno las siembra y, en la primera cosecha, apenas uno coge unas poquitas y nada para comer, pero ya la segunda hay más y así…eso lleva tiempo”. Imposible no dejar de pensar en todo el amor y la paciencia que alimenta ese proceso de reproducción de la vida. (Le puede interesar: ¿A qué sabe Colombia? Aquí te lo contamos)

La Finca ‘El Guamo’, de doña Lidia. Foto: Alejandra Gutiérrez

Una finca que no necesita de agroquímicos

Cada alimento que germina y la semilla que se reproduce en la huerta de la Granja El Guamo, revelan el trabajo persistente de esta aguerrida mujer campesina, de su lucha por cultivar sin químicos y demostrar que hacerlo es viable, sostenible y necesario.

A modo de ejemplo, doña Lidia comenta que hace un par de meses se enteró, por una visita de la gobernación del departamento, que su huerta era una de las pocas que había resistido visiblemente al intenso verano, y las heladas de fin y comienzo del año, que dejaron miles de cultivos quemados en Boyacá. Esto ocurrió principalmente gracias a la capa de hierba que crece entre los cultivos, esa cuyo crecimiento se evita en la agricultura convencional por medio de fumigaciones químicas, pero que en la agroecología se entiende fuente de nutrientes y un mecanismo de protección.

La aparición de plagas es mínima gracias al cuidado mutuo que opera entre las plantas. Cuando alguna enfermedad aparece, el método para controlarlas es el abono orgánico producido tras el procesamiento de los desechos animales y vegetales de la granja. Esto asegura el bienestar del suelo, de las plantas y de las personas que consumen los alimentos que allí crecen.

Cuando tocamos este tema doña Lidia recordó que es importante que las personas reconozcamos y valoremos el trabajo de los agricultores orgánicos. Expresa que  debemos comprender que “los alimentos levantados sin agrotóxicos, sin acelerantes, sino con la producción del ciclo natural, los frutos no son tan perfectos, son pequeños, es lo que da la tierra”.

Cierra la idea afirmando, “esta producción es demorada, porque aquí no nos fijamos en la plata, en el dinero”. Los que la escuchamos nos viene como un llamado de atención para que actuemos pronto. Vivir con autonomía es una decisión, pensaba escuchando a doña Lidia, y ella nos hace la invitación a que la tomemos pronto.

Por: Alejandra Gutiérrez. Fundación artística y cultural Cacique Tundama.
Editor: Andrés Neira. Periodista.

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