Tres colombianos camino a los altares

El venerable Rafael Manuel Almansa Riaño, el siervo de Dios Ismael Perdomo y el padre Pedro María Ramírez Ramos (el mártir de Armero), fueron postulados, por su estilo de vida, al proceso de canonización.

 

Por Juan Nicolás Galeano Benavides

 

La Iglesia Católica Colombiana se viste de fiesta por la reciente decisión del Vaticano, que desde la congregación para la causa de los santos, abrió el proceso de canonización de estos tres colombianos, que en unos años estarían dentro del canon de los santos. La razón para que una persona sea declarada santa depende de sus acciones heroicas, su capacidad de sacrificio, un vida profundamente unida al Señor por medio de la oración y los sacramentos, por su estilo de vida y por haber obrado uno o varios milagros por si intercesión suya.

Los postulados para iniciar el camino a los altares son los siguientes:

Venerable Rafael Manuel Almansa Riaño

Padre-Rafael-Almansa-250x300Este santo sacerdote, de familia de clase media, perteneció al clero secular de la Arquidiócesis de Bogotá desde 1897 hasta su muerte ocurrida el 28 de junio de 1927 en esta capital y en la parroquia de San Diego, a la que sirvió durante 30 años. Su niñez se desarrolló alrededor del Convento de San Francisco y en un ambiente impregnado por el franciscanismo. Su padre, Ambrosio, además de carpintero, era sacristán de la iglesia de San Pablo, hoy La Veracruz, situada detrás del convento, a cargo de los mismos padres franciscanos, y vivía al costado del mismo templo con su esposa, María del Rosario. En ese mismo sitio nació el venerable. Sus progenitores pertenecían a una familia sencilla, profundamente católica. Por ello, nacido el niño el 2 de agosto, fiesta de la Virgen de los Ángeles patrona de la Orden franciscana, al día siguiente, 3, lo llevaron a bautizar a su parroquia que, a la sazón, era la de Ntra. Sra. De Las Nieves. Sus padrinos fueron Francisco Gaitán y Francisca Navarro. Todo el contexto anterior explica por qué el venerable golpease a las puertas del Convento de San Francisco para hacerse sacerdote. Allí transcurrieron sus estudios de seminarista, hasta llegar a su segundo año de teología en 1862. Pasados varios años, a fin de poder remediar la pobreza extrema de su madre y sus hermanas, el Siervo de Dios pidió a sus superiores, con el respeto que lo caracterizaba, la salida de su comunidad franciscana, para ser recibido, en forma la más caritativa, como sacerdote del clero de la Arquidiócesis por el Arzobispo de Bogotá, Monseñor Bernardo Herrera Restrepo, quien, desde hacía tiempo apreciaba su excepcional santidad en la práctica de todas las virtudes heroicas. Abierto el proceso para su beatificación por parte del Señor Cardenal Pedro Rubiano Sáenz (en sus dos elementos medulares de la heroicidad de las virtudes y la comprobación de un milagro atribuido al Siervo de Dios), y terminada su fase canónica diocesana, el mismo fue llevado a Roma en 1996 por el Postulador de la Causa en Bogotá, Monseñor Alvaro Fandiño Franky. Hoy el proceso, estimulado por el Señor Cardenal Rubén Salazar Gómez, prosigue su curso en la Congregación para la Causa de los Santos.

Siervo de Dios Ismael Perdomo Borrero

El Siervo de Dios, Monseñor Pedro Ismael Perdomo Borrero, nació en Gigante (Huila), el 22 de febrero de 1872. Hijo 200px-ISMAEL_PERDOMO_BORREROde don Gabriel Perdomo Cuenca y doña María Francisca Borrero Silva. Terminó sus estudios de bachillerato en Neiva e ingresó al Seminario de Bogotá en 1889. Desde 1895 estudió Teología en el Colegio Pío Latino Americano de Roma, hasta obtener el grado de Doctor en Teología Sagrada en 1897. Fue ordenado sacerdote el 19 de diciembre de 1896 por el Emmo. Cardenal Lucido M. Parrochi.  El Plan de Evangelización de la Arquidiócesis de Bogotá se enriquece notablemente con la mirada retrospectiva sobre las figuras señeras de nuestra historia particular. Entre ellas destaca Monseñor Ismael Perdomo, Arzobispo de Bogotá entre 1928 y 1950.Apóstol de la Paz, conocedor de toda la Arquidiócesis, promotor de múltiples iniciativas sociales y caritativas, prudente pastor en medio de graves acontecimientos políticos y obediente a la Santa Sede hasta el heroísmo, nos dejó además el espléndido testimonio de su preocupación por la formación y santidad de los sacerdotes: la construcción del Seminario Mayor, baluarte arquitectónico de la ciudad. La persuasión de que Monseñor Perdomo ejercitó las virtudes cristianas en forma extraordinaria, especialmente las propias de su cargo pastoral, movió a sus sucesores a promover el proceso necesario para la beatificación y canonización del santo arzobispo, hoy ya con el título de “Siervo de Dios”.

Pedro María Ramírez Ramos ( el mártir de Armero)

Pedro María Ramírez Ramos, más conocido como el mártir de Armero fue un sacerdote colombiano que murió víctima del furor revolucionario del famoso 9 de abril. En la Iglesia Católica es considerado siervo de Dios , es decir su proceso de beatificación ha sido incoado y se espera que sea declarado beato, según el proceso de martirio. Pedro María Ramírez Ramos nació el 23 de octubre de 1899 en el municipio de La Plata (Huila), Colombia, en el seno de una familia conservadora. Sus padres eran Ramón Ramírez e Isabel Ramos. Sus estudios primarios los realizó en su pueblo, mientras que la educación secundaria la realizó en el Seminario Menor de La Mesa de Elías (Garzón-Huila).  Con el deseo de ser sacerdote ingresó al seminario de María Inmaculada en Garzón el 4 de octubre de 1915, donde recibió las órdenes menores  en 1917. Por dudas vocacionales se retiró del seminario en 1920. Ocho años más tarde regresó al seminario pero en esta ocasión al de Ibagué (Tolima), donde en 1931 es ordenado sacerdote. El obispo de Ibagué, Pedro Martínez, le nombra primeramente párroco de Chaparral, en 1931, luego de Cunday, en 1934. Hacia el 1943 se encuentra como párroco de Fresno y finalmente hacia 1948 en Armero. Estaba visitando unos enfermos en el hospital cuando estalla en Colombia una revolución ocasionada por el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán , candidato a la presidencia de la República, era el 9 de abril de 1948. Armero no escapó de las revueltas que se presentaron a lo largo y ancho del país por los simpatizantes de Gaitán, sin embargo la situación se escapó de las manos de todos, se desató una guerra entre liberales y conservadores . En Armero algunos asesinos aprovecharon las circunstancias para sembrar la violencia. Cuando el sacerdote regresaba a su casa, sintió los gritos de la turba y se refugió en la iglesia.

Estando en la iglesia, el padre Pedro fue animado por las monjas, que tenían su convento al lado de la misma, a huir durante la noche con la ayuda de algunas familias de la ciudad, a lo que se negó diciendo que el pueblo necesitaba de él. El 10 de abril, hacia las cinco de la tarde, una multitud de personas entró en la iglesia, profanando el templo y pidieron a las monjas y al padre Pedro que entregaran unas supuestas armas que tenían escondidas en el convento. Al no encontrar nada, sacaron al sacerdote y en el centro de la plaza lo asesinaron a machetazos.

El cuerpo del padre Pedro quedó expuesto en la plaza toda la noche porque ninguno se atrevía a recogerlo por el temor de correr la misma suerte. A media noche los asesinos recogieron el cuerpo y lo tiraron en una cuneta a la puerta del cementerio. No fue sepultado sino un día después, sin sotana y sin cajón, impidiendo que los fieles le rindieran cristiana sepultura.

El 21 de abril llegaron a la ciudad las autoridades para poner orden. Permitieron que se hiciera la autopsia al cuerpo del padre Pedro y se le diera una sepultura más respetuosa. Pasados veintidós días llegaron sus familiares a reclamar el cuerpo y lo trasladaron a su tierra natal.

Párroco (2)

 

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