#Opinión – De la lectura como comunión humana: Vivan los compañeros de Carlos Arturo Truque

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“Empezamos a perder el Llano, la cosa verde e inmensa, y ganamos una vegetación de arbustos y matorrales; estos se enredan, a trechos, en la culata del máuser, cuando no se enroscan y espinan las piernas.”

Perdiendo llano bajo los pies cansados es como comienza el cuento del escritor chocoano Carlos Arturo Truque (1927-1970). Vivan los compañeros es un relato breve escrito en 1954 y que forma parte de la corta pero intensa producción de Truque.

El lector se convierte en parte del viaje que un grupo de guerrilleros liberales emprenden por la espesura del oriente colombiano; con el pie en el barro, cargan a sus colegas heridos y son testigos mudos de una guerra que parece arrastrarlos sin pausa. Le puede interesar Un libro, homenaje a 70 años de historia

Entre sus filas está El Estudiante, un futuro médico que decide tomar las armas y caminar junto a los campesinos. Sin embargo, su labor no se limita al fusil, sino que pasa horas enseñándoles a sus compañeros el abecedario y las oraciones. Aprender a leer se convierte en una trinchera segura.

La acción heróica de enseñar a leer en medio de la guerra parece ser un tema recurrente en la historia de nuestro continente. Por ejemplo, en el siglo XIX cubano, parte de la labor de los comandantes del ejército libertador era enseñar a leer a sus soldados para que pudieran caminar más seguros.

Alfabetización en medio de la guerra

A mediados del siglo XX en Colombia, se proponen los alfabetos culturales para alfabetizar a los soldados que iban a servir en la guerra de Corea (1950-1953). Los combatientes de la Guerra entre Perú y Chile (1879-1884) se daban una tregua de 20 minutos al día para leer y escribir cartas a sus familias. En Nicaragua, durante la década de 1980, los Sandinistas tenían que dividir su tiempo entre los combates y las letras en las llamadas escuelas de la itinerancia.

En todas estas batallas, como en la historia de Truque, leer y escribir son dispositivos que detienen la guerra, pero también son lugares en donde el hombre comulga con su humanidad.Le puede interesar : Libro Vivan los Compañeros de Carlos Arturo

Florito es un ejemplo claro de esta condición. Un humilde joven que decide irse a la guerra y que le pide al Estudiante que le enseñe las letras. Herido gravemente, Florito solo piensa en que si muere no podrá escribir las cartas que quiere escribir y los cuentos que quiere contar.

Su última voluntad será poder escribirle a sus compañeros lo orgulloso que está de ellos. Vivan los compañeros es la historia de las letras en medio del conflicto, una canción urgente a la humanización de un intercambio terrible de muerte y destrucción.

Foto de: Narrativa Breve

“Cualquier día, como decía el dijunto de mi general Osorio, que en paz descanse, te dejamos puai tirao en un morichal o te trairemos a la grupa de un potro como al Florito. A uno, ¡pues qué!, no le importa nada. Hasta es mejor que lo maten, porque siquiera descansa. Pa’ qué más vida, si no tiene uno nada; estos hijueperras lo acabaron todo.”

Truque nos lleva a través de un periplo desigual que va de la desesperanza absoluta a la esperanza encarnada en cada comienzo, en el sol de la llanura que ilumina la mirada para atravesar la noche sin estrellas.

Leer ­­­­Vivan los Compañeros es leer la lectura como una acción entre sujetos que quieren volver a ser sujetos, a escribir sus causas y no a disparar por ellas. La lectura es una lucha silenciosa e intensa en donde todos ganan aquello que han perdido.

 PorDiana Paola Guzmán– Equipo Editorial El Campesino.
Editor: Ana María Rizo Díaz. Periodista – Editora

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