Y de las mujeres campesinas, ¿qué?

Por: Luis Alejandro Salas*

Y de las mujeres campesinas, ¿qué?Es verdad que el mundo está cambiando a grandes velocidades y quienes estamos vivos sobre este planeta sufrimos también grandes modificaciones, en todos los aspectos de la vida cotidiana. Las transformaciones no se han dado por igual. Se han presentado cambios en las personas, en los animales y en las cosas. Algunas modificaciones han sido favorables pero otras no.

En la sociedad se consideraba muy pobremente a la mujer. Había muy pocas profesionales ya que no ingresaban a la Universidad, aunque hubo algunas “facultades femeninas”, como bacteriología, enfermería, arte y decoración. Algunas podían estudiar comercio, para ser secretarias en las empresas y se matriculaban en las escuelas pedagógicas para hacerse maestras. Cuando había espíritu religioso en la familia, ya que no podían pensar en el sacerdocio, se vinculaban a comunidades de misioneras o docentes o atendían en hospitales  a los enfermos. En general las mujeres se dedicaban al hogar y se preparaban por tradición, con lo que madres y abuelas enseñaran de oficios. Su tarea era engendrar hijos y cuidarlos, así como obedecer al marido. Ellas no figuraban en la vida pública como directivas o ejecutivas, no intervenían en la política para ser elegidas en cargos importantes. En el sector rural  los oficios domésticos, especialmente la cocina eran su destino y muchas que aspiraban a retirarse de esas condiciones, iban a las ciudades como empleadas del servicio, generalmente internas, sin descansos dominicales ni vacaciones ni prestaciones sociales. Solamente a mediados del siglo XX tuvieron cédula de ciudadanía y pudieron ejercer el derecho al voto en las elecciones para escoger presidente de la república o congresistas.

Es importante que el país sea mucho más comprensivo de la importancia de una mayor participación de las mujeres en todas las áreas. Hay algunas disposiciones que invitan a conceder un porcentaje a las mujeres en el desempeño de ciertos cargos o funciones, pero esta consideración es deficiente. Las capacidades de las mujeres son como las de los hombres y la capacitación también puede entenderse como igual. No tiene por qué celebrarse el día de la mujer, para reconocer sus posibilidades, ya que entonces debería celebrarse el día del hombre.

Ser feministas o machistas no debería ser una condición particular. Todos disfrutamos de derechos y deberes, los de la ciudad y los del campo. Hemos de prepararnos para contribuir eficazmente en la realización de un mundo mejor. Todos y cada uno tenemos que lograrlo.

*Consejero de ACPO.
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