Leer y escribir, la ilusión de más de dos millones de colombianos

La alfabetización es un factor indispensable para el correcto desarrollo de la vida humana en tanto permite mejorar las condiciones sociales, educativas y laborales. No obstante, más de dos millones de colombianos, principalmente en zonas rurales, no saben leer ni escribir.

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Foto por: Telefónica

El concepto de alfabetización según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura – UNESCO, funciona como un efecto multiplicador que “empodera a los pueblos, les permite participar plenamente en la sociedad y contribuye a mejorar la calidad de los medios de subsistencia”.

Más allá de ser un conjunto de competencias de lectura, escritura y cálculo, es una fuerza que aporta al desarrollo sostenible, en tanto permite una mayor participación de las personas en el mercado laboral, reduce la pobreza y amplía las oportunidades de desarrollo durante la vida.

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No obstante, al menos 750 millones de jóvenes y adultos en todo el mundo no saben leer ni escribir y 250 millones de niños no consiguen adquirir las capacidades de cálculo y lectoescritura. Lo que acarrea problemas de exclusión e inequidad, ya que estas personas no llegan a integrarse debidamente a sus entornos sociales.

Según datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística – DANE, en el año 2005 la población total en Colombia era de 41.468.384 de personas y la tasa de analfabetismo respecto a esa cifra era del 8,4%, es decir, que 3.483.344  personas no sabían leer ni escribir. Ahora, frente a los datos preliminares del censo 2018 en el que se estima un total de 45 millones de colombianos, la tasa de analfabetismo se encuentra en 5%, evidenciando que 2.250.000 personas aún no saben leer ni escribir.

La alfabetización actualmente representa un factor indispensable para el desarrollo humano, razón por la que las formas de educar han representado grandes cambios en búsqueda de lograr un verdadero aprendizaje. Caso contrario a épocas anteriores en las que no existía esta noción de educación, sino que el abandono de las aulas era una constante.

Las mujeres no asistían a la escuela pues se creía innecesario en tanto se les relacionaba únicamente con la maternidad y las labores del hogar, cabe mencionar que hoy en día la situación respecto a esta situación es distinta si se tiene en cuenta que los datos del último censo manifiestan una tasa de analfabetismo del 4,8% para la población femenina y 5,2% para la población masculina.

Analfabetismo en la población rural

Acceder a la educación en el campo es todavía más difícil, entendiendo la precariedad en la infraestructura de las escuelas, la falta de personal docente, el deterioro de las vías de acceso, la ausencia de servicios públicos, y en general, las condiciones de pobreza a las que se enfrenta gran parte de la población rural.

Según el último Censo Nacional Agropecuario, para el año 2014 la inasistencia a instituciones educativas rurales del país fue de 20,3% en población de 5 a 16 años, es decir, 237.587 niños y niñas no lograron estudiar. Esta cifra se incrementa en población de 24 años en adelante, pues 531.592 personas no han alcanzado ningún nivel educativo.

Situaciones como esta se reflejan en lugares como “La casa del abuelo” ubicada en el municipio de Nemocón, Cundinamarca. Allí se reúnen todas las mañanas de lunes a miércoles 20 abuelos que tienen entre 65 y 93 años de edad, quienes asisten con la ilusión de aprender a leer y escribir.

Dentro del programa del adulto mayor al que asisten semanalmente estos abuelos se encuentra Maria Emma Rodríguez, una mujer que por más de 70 años ha luchado con su situación de analfabetismo. Relata que cuando niña fue abandonada por sus padres, quienes la dejaron al cuidado de una señora de su pueblo, criada para trabajos de finca y por el pensamiento machista de la época no pudo asistir a la escuela y tras escapar de los malos tratos que recibía por su cuidadora llegó a Bogotá, donde aprendió sobre las labores del hogar, conocimientos que le permitirían trabajar y sustentarse económicamente.

Por las exigencias de la ciudad aprendió a reconocer y contar monedas y billetes pero nunca a leer ni escribir. Así como María Emma, 469.499 personas que viven en zonas rurales del país se encuentran en condición de analfabetismo.

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La carencia educativa deja como principal obstáculo la empleabilidad, pues en el caso de los abuelos que asisten al plan de alfabetismo en Nemocón manifiestan que tuvieron como única opción laboral las actividades relacionados con el cuidado de fincas, la ganadería o agricultura a pequeña escala y los oficios domésticos.

Al respecto hay que notar que la tasa de desempleo para 2019 es de 12,8% según el último informe del DANE. Una alza preocupante en comparación con la tasa del 2014 que era de 11,1%. Aunque no se reconocen con exactitud las causas de este fenómeno, el analfabetismo es sin duda una de las razones que influyen en esta situación.

Ante la nostalgia con la que estas personas relatan sus historias, Vicky Forero auxiliar de enfermería, quien ha trabajado durante 11 años con población adulto mayor, se vinculó a La casa del abuelo desde hace un año, allí cumple el papel de maestra enseñando a estos abuelos a reconocer, pronunciar, y unir las letras para construir palabras; entre las que se encuentran sus nombres, uno de los logros más significativos, pues durante toda su vida desconocieron como firmar y tuvieron que acudir a que otros lo hicieran por ellos.

La misma situación la han vivido jóvenes y adultos de La Guajira y Chocó, departamentos con el mayor índice de analfabetismo en el país. De acuerdo a las últimas cifras disponibles del programa nacional de alfabetización del Ministerio de Educación Nacional, en el 2014 La Guajira tenía una tasa de analfabetismo de 16,4% y Chocó de 16,2% siendo estos los departamentos históricamente más desatendidos en cuanto a alfabetización.

Pese a que instituciones como el Ministerio de Educación ha trabajado con planes educativos como el “Programa Cero Analfabetismo en Colombia”, con el que se buscaba eliminar la gran brecha educativa entre la ciudad y el campo; a la fecha no ha sido suficiente la cobertura estratégica y pertinente en las regiones más afectadas por el analfabetismo. Además, según datos preliminares del Censo 2018 las regiones Caribe y Pacífico mantienen la tasa más baja de alfabetización desde hace 13 años.

Panorama educativo en las regiones Caribe y Pacífico

En la región Caribe, según el Sistema de Consulta de los Programas de Desarrollo Departamentales de la Región Caribe, Observatorio del Caribe Colombiano, se han implementado programas de alfabetización en Atlántico, Bolívar, Córdoba y Sucre como «Educación para todos con igualdad de oportunidades e inclusión social»  y el “Plan departamental de lectura y escritura”, con el objetivo de atender a 4.500 adultos y capacitar a 1.500 docentes para trabajar con dicha población mediante metodologías flexibles.

Respecto a la región del Pacífico, la segunda con la tasa históricamente más alta de analfabetismo, por medio de la plataforma Colombia Aprende del Ministerio de Educación Nacional, se evidencian programas como el  “Modelo Etnoeducativo para Comunidades Negras del Pacífico Colombiano” que trabajó en los departamentos de Nariño y Cauca con el objetivo de alfabetizar a 1.500 personas, entre las que estuvieron comunidades pertenecientes a los concejos comunitarios de la costa pacífica, encontrando como principal dificultad la dispersión rural y la ubicación geográfica.

Este modelo manifestó la vinculación de autoridades educativas y etnoterritoriales, organizaciones territoriales y beneficiarios en apoyo a la formación de palenqueros y palenqueras.

Con el Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022 establecido por el nuevo Gobierno se confirma la brecha educativa existente respecto al analfabetismo. El documento relaciona una diferencia significativa en cuanto al acceso a educación, materializada en los índices de analfabetismo, que para la zona urbana corresponde al 3,4% y para zona rural corresponde al 12,1%.

Al respecto se plantea el objetivo 5 dentro del Plan, denominado Apuesta para impulsar una educación superior incluyente y de calidad, este se refiere a la educación rural en el subpunto 5 cierre de brechas regionales y urbano-rurales estableciendo que “el Ministerio de Educación promoverá el acceso y permanencia en la educación superior de jóvenes provenientes de zonas rurales a través de revisión y reenfoque de las Alianzas Rurales de Educación y Desarrollo en programas técnicos, tecnológicos y profesionales que tengan componentes pertinentes para la ruralidad y las necesidades de los territorios”.

A la espera de que el Plan se ponga en marcha, más de dos millones de colombianos seguirán enfrentando situaciones de exclusión social en tanto no obtengan los conocimientos básicos de lectoescritura. Saberes que les permitirán no solo reconocer letras y sonidos, sino construir el camino que los acercará a sus sueños.

Por: Karina Porras Niño. Periodista.
Editor: Lina María Serna. Periodista – Editora.

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