Así preservan las lenguas nativas estos dos pueblos étnicos de Colombia

Partiendo desde la música y la etnoeducación se conserva y revitaliza la lengua Kamëntsá, de Putumayo y Bantú, de San Basilio de Palenque.

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Foto por: Daniel Canosa

Con la constitución de 1991, se reconoció como patrimonio de la nación la diversidad étnica y cultural del país, abriendo así las puertas para que comunidades indígenas y afro en gran parte del territorio tuvieran la oportunidad de proponer modelos educativos pertinentes a las necesidades de cada pueblo. La Ley 115  de 1994 señala las normas generales para la regulación del servicio educativo público que cumple con una función social.

Dentro de la ley general de educación, y como uno de los avances más importantes del país en este ámbito, se establece la etnoeducación y sus respectivas posibilidades, con el objetivo de apoyar y promover la educación para grupos étnicos. De esta manera,  lograr que se reconozca la diversidad y se corrijan los factores de inequidad, discriminación o aislamiento.

En el marco de la celebración del Día Nacional de Lenguas Nativas, se dieron a conocer varias generalidades respecto a dos lenguas representativas del país, y así mismo sobre la forma en que estos pueblos étnicos luchan por preservar y revitalizar su lengua.

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El bantú o criollo palenquero, es una lengua nativa de gran singularidad, una mezcla entre Kikongo, Kimbudu y Karaball, lenguas africanas que trajeron los esclavos liberados gracias a Benko Biohó en 1612. Esta lengua perteneciente a San Basilio de Palenque, se perdió alguna vez cuando los palenqueros se fueron a ciudades como Cartagena y Santa Marta, y avergonzados de su dialecto, lo fueron ocultando hasta casi no dejar rastro. Era normal que los padres y abuelos prohibieran a los niños hablar su lengua nativa, porque se creía que así les evitarían burlas.

Al igual que en la mayoría de lenguas nativas, los conocimientos se transmitían por cantos ancestrales, en el caso de los palenqueros aún los conservan y comparten con Colombia y el mundo, la esencia africana sigue presente y acompañada de nuevos ritmos. Además de esta forma de preservación de la lengua; basados en la etnoeducación las escuelas retomaron la enseñanza de Bantú, se empezó a leer y escribir en lengua y de esta forma se recuperó casi en un 70%.

Cada organización importante de Palenque, conocidos como ma-kuagros, cuenta con procesos de fortalecimiento de la lengua, desde la música, la danza y  el trabajo; así mismo en ciudades como Bogotá se dictan talleres para los palenqueros que viven aquí y por falta de práctica pueden llegar a perder la lengua. Una de las herramientas más importantes es el diccionario de palenque, ya que puede ser utilizado no solo por los nativos, sino por cualquier persona interesada en conocer sobre la lengua.

Por otro lado, la lengua Kamëntsá, perteneciente  a los pueblos indígenas del Putumayo,  es una de las tantas lenguas nativas que están desapareciendo por la falta de uso. Antiguamente, los conocimientos eran transmitidos únicamente en lengua nativa, espacios como la cocina eran esenciales para que las madres enseñaran a sus hijos los distintos saberes sobre la naturaleza, los animales y el ser.

La importancia de la lengua era de tal magnitud, que el taita, es decir la máxima autoridad del pueblo, tenía que saber hablarla a la perfección para poder dirigirse a la comunidad y ser creíble al momento de orientarlos. Por otro lado, el acto de cantar y homenajear la vida era sagrado, actualmente se usa como herramienta para la enseñanza y práctica de la lengua, y aún así la mayoría de los cantos llevan palabras en castellano, lo que evidencia el deterioro de la lengua sobretodo en las familias más jóvenes.

Para enfrentarse a tal situación, en el Instituto Educativo Rur Bilingue Artesanal Camentsa, se realiza un ejercicio estratégico de apropiación que consiste en cantar el himno en lengua nativa. Así mismo, el colegio cuenta con 5 áreas de la cultura que enseña a los estudiantes de preescolar hasta once, saberes propios del pueblo Kamëntsá; como la lengua, la artesanía, música y folklore, territorio y política indígena.

Por: Karina Porras. Periodista.
Editor: Lina María Serna. Periodista – Editora.

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