Carta del campo: Conflicto en Colombia, consecuencias en familias rurales

Esta es la historia de Shirley, una caqueteña cuya vida se vio afectada por la guerra y que ahora estudia con el proyecto MIA para crecer y ser un ejemplo en su familia y en su comunidad.

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Foto por: Proyecto MIA

Shirley nació el 6 de agosto de 1996 en San Vicente del Caguán, un departamento rico en naturaleza, pero con un pasado marcado por la guerra y la violencia, este municipio se ubica en Caquetá, al sur de Colombia. Shirley se siente feliz por ser de familia campesina, pues este origen debería ser un orgullo para los colombianos. Sus padres trabajaban como mayordomos en distintas fincas y siempre le inculcaron buenos principios y valores. 

Desde muy joven conoció a su pareja con la cual hoy tienen una hermosa hija, sin embargo, los primeros años fueron difíciles, pues su esposo fue reclutado para prestar el servicio militar. Por otro lado, su hermana mayor se integró a las FARC -EP; dos familiares en dos frentes diferentes y que estaban en auge de guerra en diferentes zonas del país. 

Shirley se fue a vivir a La Esmeralda, un pequeño corregimiento en Puerto Rico, su esposo ya estaba junto a ella; fue un grato momento pues su familia comenzaba a unirse de nuevo y a pesar de los problemas económicos, la familia lo compensaba todo. 

Luego de un buen momento, llegaron no tan buenas noticias; su hermana mayor había sido capturada y conducida a la prisión de Florencia donde fue condenada a 24 años de prisión por integrarse en el grupo armado. Muchas personas juzgarán las acciones de su hermana, sin embargo, su historia está llena de abusos de la autoridad que la afectaron física y emocionalmente; una situación que no solo le ocurrió a ella sino a muchas adolescentes y mujeres de su comunidad.

Por estas situaciones y en un sin fin de emociones y sentimientos se tomaron decisiones para recuperar la fuerza y la dignidad en un país donde la justicia no velaba por su bienestar. Para Shirley fue muy difícil que su hermana estuviera en esa condición, pues conocía a la perfección su pasado y sabía que su vida solo estaba llena de difíciles momentos, sus padres también estaban devastados. 

Fue por esto que Shirley fue la fuerza y apoyo de sus padres y de sus sobrinos, luego de dos años en prisión empezó un proceso de negociación entre el gobierno colombiano y las FARC – EP; allí de acuerdo a los casos se dio un gesto en donde se indultaron a 30 excombatientes y entre esos se encontraba su hermana.

Desde la salida de su hermana de la cárcel ella continuó trabajando con personas que aún siguen en prisión apoyando a esta comunidad que a veces es abandonada por completo sin conocer las verdaderas circunstancias. Así mismo, una de las metas de Shirley ha sido seguir formándose, aprender cosas nuevas y ser un ejemplo a seguir para su familia y conocidos. 

Llegada del proyecto  MIA a Caquetá

Con la llegada del proyecto MIA del Fondo Europeo para la Paz a Caquetá, Shirley se interesó mucho por ser parte de sus formaciones enfocadas al desarrollo de la mujer rural. “La facilitadora llegó a nuestro territorio y nos habló mucho del proyecto, que nos hizo interesar. El proyecto está enfocado en mujeres excombatientes, sin embargo, yo pregunté que por sí ser hermana de una podía entrar y me dijeron que sí. 

Estoy vinculada a las Escuelas Digitales Campesinas y ya he culminado el curso de Mi Proyecto de Vida en el Campo, nos comunicamos por grupos en WhatsApp  y he contado con el apoyo constante de la facilitadora educativa del proyecto”, expresa Shirley. 

Ella continuará con las capacitaciones  del proyecto MIA en Caquetá, un proyecto que llegó al territorio para fortalecer a la mujer rural y en proceso de reincorporación a través de la educación y el apoyo a emprendimientos liderados por mujeres. Es una oportunidad vital para contribuir con un granito de arena a la construcción de paz en Colombia. Este proyecto es implementado por Acción Cultural Popular – ACPO, con apoyo de la diócesis de San Vicente del Caguán y la Registraduría Nacional del Estado Civil. 

 

Por: Diana Marcela Marín. Facilitadora educativa del proyecto MIA.

Editor: Karina Porras Niño. Periodista – Editora.





    

 

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