Carta del campo: En defensa de nuestros parameros

Los "parameros" o “parameños“ son sujetos que existen y tienen un papel crucial en los territorios en los que viven. A pesar de la invisibilidad y la criminalización, persisten en el sostenimiento de sus familias y en su relación con los páramos.

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Foto: Mongabay

En el municipio de Susa, Cundinamarca,  llamamos “paramero” a quien vive en las partes altas del municipio, a más 3000 metros sobre el nivel del mar; en otros territorios se comparta la misma mención; sin embargo, esta denominación tiene una fuerte carga despectiva. En las conversaciones entre jóvenes no es raro describir a los “parameros” como personas con un evidente acento campesino, además de “cariquemados” y “atrasados”. Pero… ¿Por qué tratamos así a los habitantes de los páramos?

Muchas de estas visiones dependen de las imágenes creadas sobre los “parameros”, las cuales son difundidas por los medios de comunicación convencionales. Pensamos que los páramos son lugares sin habitantes, cuya única función es generar agua. A ello se suma la normatividad reciente sobre conservación ambiental, como la Ley 1930 de 2018 y el Acuerdo 022 de 2009, que ha tratado a los habitantes de páramo como si fueran criminales que deben abandonar las tierras que ocupan.

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También se cree que quienes viven en los páramos son pobres, sin oportunidades, sin otra posibilidad que sembrar papa en lugares casi inaccesibles. En muchas ocasiones los habitantes de estas zonas son estigmatizados por tener un bajo nivel educativo y en algunos casos por el constante consumo de alcohol, generalmente de bebidas tradicionales como chicha y guarapo. 

Pero es necesario defender a los “parameros”. La primera medida es definir cuántos son para reconocer su existencia y participación en los territorios de alta montaña. Según cifras del portal ambiental Mongabay, cerca de 300.000 personas viven en dichos territorios y en medio de Parques Nacionales. Ahora bien, contar de manera exclusiva a quienes viven en los páramos permitiría hacer políticas especiales para esta población.

Otra medida es hacer visible las alternativas que han generado los habitantes de páramo, que combinan la agricultura y la conservación. En Carupa, municipio vecino a Susa, se ha formulado una propuesta a la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), en la que no solo permiten la conservación del Páramo de Guerrero, sino que deja espacio para las actividades de subsistencia de los habitantes.

También hay que hacer frente a las dificultades y necesidades que poseen los habitantes de los páramos. Cabe reconocer las deficiencias en la calidad de vivienda, servicios públicos, vías de acceso, así como la falta de oportunidades laborales y educativas. El objetivo es traer más y mejores políticas, para que pueda proveer los bienes necesarios para la subsistencia de los “parameros”.

La situación de quienes viven en las zonas de páramo no es distinta al campesinado en Colombia. Las deficiencias en las políticas de Estado y la persistencia en los estereotipos hacia estas poblaciones, parecieran querer expulsar a esta personas de sus territorios, sin darles una mínima opción para subsistir. Pero ahora, en medio del cambio climático y de la necesidad de cuidar los recursos hídricos, los “parameros” cobran más importancia.

Por: Ibán Fúquene y Emmanuel Quiroga. Reporteros rurales en Cundinamarca.
Editor: Lina María Serna. Periodista – Editora.

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