Carta del campo: Experiencia de una facilitadora en tierras caqueteñas

La siguiente carta del campo es escrita por Luz Adriana, facilitadora educativa del proyecto Amazonía Joven. Su labor le ha permitido conocer a comunidades trabajadoras de las zonas rurales del Caquetá; experiencia que para ella resulta significativa. Conozca a continuación esta historia.

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Foto por: Luz Adriana Mejía. Facilitadora proyecto Amazonía Joven.

Una de la mejores experiencias que ha vivido esta quindiana en tierras caqueteñas es involucrarme con la educación en zonas rurales. Este trabajo ha enriquecido mi vida, llenándome de humanidad y gusto por el trabajo comunitario. Como facilitadora de este gran proyecto, Amazonía Joven, me permite llegar a llenar espacios educativos, crear lazos de amistad y compañerismo. Cada momento en campo siempre es único. 

Esas siete horas que a veces se convierten en ocho para llegar a mi población de Puerto Betania, eran refrescadas por el horizonte de la montañas verdes, la gente cálida y bellas melodías para entretener el viaje. Mientras mis muchachos, como yo les digo, me esperaban, los cuales me llenan de energía y vitalidad. También de sentimientos de familia cuando me reunía con ellos en aquellos espacios de recreación, donde se expresaban, me hacían sentir parte de ellos. 

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Dentro de mis recorridos de formación conocí de este bello departamento  a Puerto Betania, Rionegro, La Chipa, Remolino y Santafé del Caguán; lugares donde se dispuso para llevar con agrado enseñanzas y grandes aprendizajes a través de proyecto Amazonía Joven. 

Foto por: Luz Adriana Mejía. Facilitadora proyecto Amazonía Joven.

Tuve 214 participantes, 59% de participación de mujeres y el 41% de participación de hombres. Esta cifra representa la inclusión y participación de las mujeres caqueteñas en zonas rurales. Las mujeres en esta zona son un eje fundamental de los territorios. 

El acompañamiento realizado en campo, me permitió escuchar sus razones para sobrevivir y las ganas de sacar a sus familias adelante; siendo sus hijos el motor de existencia de estas comunidades. Combinar la vida cotidiana de un campesino con la llegada de las herramientas tecnológicas del proyecto, resulta toda una aventura para ellos  aprender los transporta a recuerdos de cuando estaban en la escuela. 

Estos espacios no solamente sirven para adquirir conocimientos nuevos, también para interactuar con las demás personas, pasar  tardes de diversión que alejan la cotidianidad del diario vivir. Se ha dejado una bonita huella con la integración del proyecto en las comunidades visitadas y en la vida de los facilitadores que estamos presentes en los proyectos sociales.

Por: Luz Adriana Mejía. Facilitadora de ACPO en Caquetá.

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