Carta del campo: La perseverancia de una mujer caqueteña

En Caquetá, muchas mujeres se han enfrentado a diversas dificultades a causa de un contexto de conflicto armado. Sin Embargo, historias como la de Brenda Durán relatan cómo con firmeza y esperanza siguen luchando para hacer del aprendizaje la herramienta que les permita mejorar su calidad de vida y la de su familia.

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Foto por: SEMANA - https://cutt.ly/lnrasDn

Soy Brenda Durán Ruiz, nací el 26 de octubre del año 1991 en una vereda llamada el Rosal de San Vicente del Caguán, Caquetá, viví varios años de mi vida con mis padres. A los 9 años de edad empecé mi primer año de escuela, pero como en la vereda donde vivíamos no había escuela mis padres decidieron enviarme a  casa de mis padrinos.

Ellos eligieron ayudar con mi cuidado, dure un año lejos de ellos, pero mi padre decidió vender la finca y comprar una cerca de una escuela ya que mis hermanos estaban creciendo y necesitaban estudiar, y así, sería más fácil para nosotros ir a la escuela, allí seguí estudiando hasta que me gradué de quinto de primaria a mis 13 años de edad.

En el 2005 terminando ese año mis padres venden de nuevo la finca y compran una cerca de la carretera en una vereda llamada el Pescador vía San Vicente, Neiva; cerca de la vereda puerto amor donde había un colegio y pude seguir estudiando. 

Cuando estaba en el noveno grado conocí al señor Armandis Ortiz Guevara, desde ese día empecé hablar con él y a compartir muchas cosas, hasta que a mis 16 años decidimos irnos a vivir juntos. Ya con casi 5 meses de vivir juntos quedé embarazada de mi primer hijo, eso fue lo mejor que nos pudo pasar, llenó de alegría nuestro hogar. Hace 3 años estuvimos felices cuando mi esposo fue capturado delante de mi pequeño hijo, esto fue algo muy duro para los tres. 

Trasladaron a mi esposo para la cárcel de Pitalito Huila, porque lo tenían en la cárcel de Neiva donde lo podía visitar cada ocho días; pero ya siendo trasladado era más complicado la visita. Ya me había acostumbrado a las torturas que sufrimos las esposas de las personas que están detenidas, ya que es un trauma muy duro.

Un nuevo pueblo, una nueva vida por la familia

Llegué a Pitalito y era difícil porque no conseguía un empleo y lo necesitaba con urgencia ya que eran muchos los gastos que tenía con el niño y mi esposo, pasaron ocho días y por fin logre conseguir un empleo en una casa de familia y a la vez en una fábrica de sandalias. Allí trabajé por un año. Mi esposo me colaboraba, no con mucho porque si es difícil conseguir dinero libre ya se imaginaran ustedes como es en una cárcel, pues es difícil entrar material para que ellos puedan elaborar sus artesanías, además hay que sacar un permiso y pagar un impuesto.  

Mientras tanto, yo seguía buscando empleo hasta que por fin lo encontré en un restaurante, el horario era de 5:30 am a 5.30 pm, trabajar en un restaurante las 12 horas del día es muy pesado, pero yo resistía por amor a mi hijo y a mi esposo, tanto que aquí me aguante un año y medio hasta que mi esposo salió.

Fue una sorpresa muy grande, ya por ese lado no teníamos problemas, todo gracias a Dios se había arreglado, no había de qué preocuparnos desde ese momento cambió mi vida para bien. A los pocos meses la alegría más grande es cuando me doy cuenta que estoy embarazada  y gracias a Dios nació mi hermosa hija.

Fue precisamente en San Vicente donde conocí el proyecto MIA, que llegó gracias a la Unión Europea y que quiere que las mujeres de mi región progresemos, esto ha sido maravilloso porque he podido volver a estudiar, lo hago a través de las Escuelas Digitales Campesinas – EDC; cada ocho días me desplazo con mis hijos desde mi vereda hasta el pueblo para reunirme con mis compañeras y seguir mi proceso de formación. 

He aprendido desde lo más básico del celular hasta lo más avanzado, también he aprendido a manejar un computador que la verdad no sabía ni escribir en uno,  creé mi propio correo, también he aprendido sobre mi proyecto de vida en el campo, y lo más importante a cómo hacer una asociación. Algo muy bonito que hemos estado poniendo en práctica porque queremos liderar un grupo de mujeres en San Vicente del Caguán. 

Brenda conoció el proyecto gracias a su esposo que hace parte de los procesos de reincorporación instaurados en los Acuerdos de Paz y lo vio como una oportunidad para que su esposa siguiera estudiando y progresando. Se trata de un proyecto enfocado a apoyar a la mujer rural y reincorporada en Caquetá y Chocó a través de educación y apoyo a emprendimientos rurales.

 

Por: Brenda Durán Ruíz. Participante del proyecto MIA.

Editor: Karina Porras Niño. Periodista – Editora. 



    

 

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