Carta del Campo: La resiliencia de la naturaleza frente al turismo indiscriminado

El presente escrito pretende establecer cómo una actividad turística puede afectar el libre desarrollo de la naturaleza, en este caso específico la reproducción de las ballenas en el pacifico colombiano.

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Foto: Parques Nacionales Naturales de Colombia. Ballena jorobada en Gorgona

Actividad que atrae a propios y extranjeros, este es uno de los espectáculos naturales más esperados en esta región ya que lograr observar de cerca uno de estos majestuosos mamíferos es una experiencia bastante significativa para el ser humano, un ritual que acelera el corazón y produce gran admiración.

Además, nos hace percibir el entorno de una forma particular, con más respeto, con más compromiso socio ambiental, con más asombro y con más entusiasmo de vivir en armonía con la naturaleza. Uno de los más gratos recuerdos que el mundo animal puede dejar en la memoria del hombre.

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Sin duda alguna esta actividad contribuye a la economía del territorio, sin embargo, se puede observar y establecer que el avistamiento puede causar molestias a las ballenas y afectar su libre proceso de reproducción. Reproducción que realizan una vez al año viajando miles de kilómetros desde la Antártida, para poder encontrar las aguas cálidas del Pacifico las cuales aprovechan para no solo para el apareamiento sino también para dar a luz a sus crías. Y que se ve perturbado con la acción humana.

La aglomeración de embarcaciones cargadas de personas con las ansias al rojo vivo de poder observar este magnífico espectáculo, por lo cual se ve la necesidad de educar a los guías turísticos o acompañantes de estas embarcaciones para que ellos a su vez puedan orientar a los turistas sobre el adecuado comportamiento frente al avistamiento.

Teniendo en cuenta el ruido que ocasionan tanto los motores de las lanchas como los gritos de las personas, podría llegar a afectar su proceso de estancia y reproducción e incluso de alimentación. Estos ruidos pueden encubrir sonidos producidos por los depredadores, y altera el comportamiento de las presas según lo confirman varios estudios realizados e incluso puede perturbar el normal funcionamiento de su respiración teniendo en cuenta que ella sale a flote cada determinado tiempo.

Sin embargo, es allí donde se puede evidenciar la resiliencia de la naturaleza. Entendiéndose esta como la capacidad de las comunidades y ecosistemas de absorber perturbaciones sin alterar significativamente sus características de estructura y funcionalidad, pudiendo regresar a su estado original una vez que la perturbación ha cesado.

La resiliencia significa que el sistema no es fijo, sino que se mueve dentro de determinados límites. El equilibrio, por tanto, no es una balanza sino un péndulo. Los límites en los que se mueve un sistema son los márgenes de resiliencia. A pesar de que cada una de las especies ocupa un nicho ecológico, ninguna de ellas está amarrada muy estrechamente a condiciones físicas o ambientales precisas. Y cuenta con la capacidad de lograr su cometido.

Pero es nuestra responsabilidad contribuir a que se disminuyan los impactos negativos de nuestras acciones irrespetuosas y muchas veces también irresponsables. Por tanto resaltemos el respeto por la naturaleza como una cuestión de sentido común y de supervivencia.

Por: Viviana Beltrán. Estudiante de Escuelas Digitales Campesinas.

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