A Dios rogando y con el mazo dando

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 Los refranes conllevan muchas veces ideas sabias, otras veces no, pero influyen en el modo de ser y de vivir de la gente.

Algunas personas que se dicen muy creyentes o religiosas atribuyen todo a los milagros y viven pidiéndolos para todo. Podríamos decir que exageran la confianza en poderes sobrenaturales o a Dios que no pueden gobernar.

Se atribuye a San Agustín una sentencia muy importante: “Hay que hacer las cosas como si Dios no existiera. Y hay que confiar en Dios como si yo no hiciera”.

Eso significa que a cada uno le corresponde lo suyo, que debemos obrar con la mayor sabiduría y técnica para que las cosas salgan bien, que no debemos quedarnos de brazos cruzados esperando a que todo suceda, a que ocurra lo que el destino o la divina providencia nos depare.

Tenemos que estudiar, preguntar, aprender las técnicas para obrar correctamente y  pedir para que nosotros seamos capaces.

Cada uno tiene que prepararse en su oficio, en su profesión, en su trabajo. Y tiene que ejecutarlo. No puede sentarse a esperar que suceda. Hay que reconocer el valor de sí mismo, la facultad de colaborar con la sociedad para hacer las cosas correctamente.

Nosotros podemos y debemos actuar, trabajar, dar rendimiento. Así nos beneficiamos y contribuimos al bien de la comunidad.

Un estudiante disciplinado atiende a las explicaciones, lee, escucha, se informa, consulta. El estudiante vago confía en el milagro.

El agricultor sabe que los ángeles no vienen por la noche a preparar el terreno para la siembra. No son las brujas ni las hadas las que esparcen la semilla. La buena cosecha no se da por milagro.

Es claro que no se puede controlar todo y por eso reza para que su esfuerzo sea fructífero y para que no lo engañen cuando va a comercializar lo suyo.

Es importante planear y prever y por el camino corregir algunas cosas y hacerse ayudar. Y si vienen desastres hay que enfrentarlos y tratar de buscar soluciones. Averiguar las causas para eliminarlas en el futuro, si es posible. Y orar para que todo salga bien.

Por: Luis Salas. Equipo Editorial El Campesino

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