El comercio ilegal de aves sudamericanas en cifras

La pérdida de hábitat sigue siendo la mayor amenaza para las especies de aves en los países Amazónicos. Aunque las prohibiciones han provocado la desaparición de la venta de aves en las calles de casi todas las ciudades de Sudamérica, una buena parte de ese comercio se ha ocultado.

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Foto: WWF Perú

El comercio ilegal internacional de aves sudamericanas ha tenido una reducción sustancial en la mayoría de mercados urbanos de la región, los cuales antes eran grandes centros del comercio de aves.

Este paso significa un logro importante de conservación en las últimas décadas, con millones de aves salvadas. Una situación que los mercados de aves en varias ciudades del sudeste asiático están actualmente lejos de lograr. Estos son algunos de los hallazgos de un nuevo estudio sobre el comercio de aves en América Latina que abarca desde finales de la década de 1960 a 2016.

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En general, el comercio ilegal internacional de aves sudamericanas se ha reducido a su nivel más bajo en décadas, aunque esto “se debe principalmente a que las especies de aves más buscadas por los coleccionistas ya existen en la mayoría de los países consumidores”, indica el estudio “Avista de pájaro: lecciones de 50 años de regulación y conservación del comercio de aves en los países amazónicos”.

El informe brinda una descripción general del comercio de aves en Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú y Surinam, el recuento de su regulación y sus resultados como herramienta de conservación de especies y hábitats.

La pérdida de hábitat sigue siendo la mayor amenaza para las especies de aves en los países Amazónicos, mientras que la prohibición de la exportación del comercio de aves en la región ha tenido algunas consecuencias inesperadas, como la exportación efectiva de los recursos de biodiversidad de la región y la eliminación de posibles incentivos económicos para conservar hábitats y especies”, comentó el autor del informe, Bernardo Ortiz von-Halle.

Las complejidades del comercio de aves han sido subestimadas: para asegurar un futuro para las aves en la región cada vez más amenazadas necesitamos estrategias integrales que busquen con urgencia detener o revertir la destrucción del hábitat, complementándolo con incentivos económicos para la generación de ingresos locales a través del turismo y el uso sostenible de los recursos naturales. Esto ofrece el mejor camino hacia adelante para la extraordinaria diversidad de las aves en América del Sur “, concluyó el experto.

Otro de los hallazgos que resalta el estudio es que Sudáfrica fue el principal exportador mundial de loros sudamericanos entre 2000 y 2013 después de que los países de la Amazonía “abandonaran la posibilidad de producir y exportar su vida silvestre de forma legal y competitiva”.

La historia del comercio de aves desde Sudamérica

La comercialización de aves y sus productos desde la región data de muchos años: desde mediados del siglo XIX se exportaron toneladas de plumas y pieles de aves, sobretodo colibríes y tangaras, para el mercado de la moda.

Esta demanda implicó la caza de millones de aves a lo largo de varias décadas. Por ejemplo, durante un breve período antes de la Primera Guerra Mundial, un comerciante de Londres importó 400,000 colibríes y otras 360,000 aves de Brasil, mientras en 1932, unos 25,000 colibríes fueron cazados en el estado de Pará (norte de Brasil) y enviados a Italia para adornar cajas de chocolate.

Décadas después, desde mediados de 1950 (cuando se establecieron conexiones aéreas rutinarias, principalmente a través de Miami) y hasta la fecha, alrededor de un millón de aves fueron capturadas para ser exportadas como mascotas desde todos los países Sudamericanos.

Después de décadas de explotación intensiva y disminuciones masivas en muchas poblaciones de aves, en 1967 Brasil se convirtió en el primer país sudamericano en prohibir el comercio de animales silvestres, estableciendo la cría en cautiverio como alternativa económica de bajo impacto sobre la conservación de las especies cazadas. Así, se da inicio al comercio ilegal de vida silvestre en la región.

Durante las décadas posteriores, cientos de miles de aves fueron capturadas en todos los países para abastecer el comercio internacional, muchas de ellas a través de canales legales en países en los que aún no se prohibía su exportación (p.ej.  Argentina, Bolivia y Paraguay).

En los años de 1980, hasta 10,000 guacamayos jacintos (Anodorhynchus hyacinthinus) fueron exportados; muchos terminaron en instalaciones de cría en cautiverio en otros países, donde los costos de producción eran menores que en Brasil. Como resultado, las poblaciones silvestres de la especie fueron diezmadas, aunque en algunos sitios de Brasil se está recuperando gracias a acciones sostenidas de conservación.

Mientras los países de distribución de la especie luchan para evitar su extinción, desde Filipinas se exporta legalmente la mayor cantidad de especímenes de esta especie en el mundo.

Medidas para la conservación de aves en la región

La situación en Brasil –prohibición total de la captura de aves con fines comerciales, se reflejó ampliamente en Ecuador y Colombia sin que la cría en cautiverio fuera establecida como opción en estos dos países. Ahora, un incentivo económico cada vez más importante para la conservación de las aves en los tres países es el turismo de observación de aves.

El Perú también se está promoviendo activamente como destino de observación de aves, pero junto con Guyana y Surinam, el país también permite la exportación de 101 especies de aves capturadas en vida silvestre,  todas especies relativamente comunes.

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La exportación de aves en cifras

Entre 2000 y 2013, Perú exportó comercialmente 37,233 aves incluidas en la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), lo cual representa una quinta parte de dichas especies exportadas de los países Amazónicos, la mayoría de loros aratingas codilleranas (Psittacara frontatus)y calancates cara rojas (Psittacara mitratus).

El informe reconoce igualmente la importancia actual del manejo del guano como recurso renovable estratégico que favorece la protección efectiva de las islas en que las aves marinas anidan.

Entre 2000 y 2016, Guyana exportó 145,000 aves pertenecientes a 24 especies incluidas en el Apéndice II de CITES -la más exportada fue la Amazona de alas naranjas (Amazona amazónica). Esta misma ave es la más exportada por Surinam -74,890 aves, entre 2000 y 2013. En Guyana, se calcula que unas 20,000 personas, un 5% de la población rural del país, se benefician de esta actividad económica.

Aunque ambos países han establecido cuotas anuales de capturas máximas, estos cupos aún carecen del sustento científico necesario para garantizar el manejo sustentable de las poblaciones cosechadas.

Aunque las prohibiciones han provocado la desaparición de la venta de aves en las calles de casi todas las ciudades de Sudamérica, una buena parte de ese comercio se ha ocultado. Perú, tanto como receptor y fuente de especies de aves silvestres, es el mayor desafío regional, aunque Brasil sigue teniendo un grave problema con el comercio interno de aves canoras, a pesar de los esfuerzos que hacen las autoridades para aplicar la ley.

Cada año se confiscan en ese país entre 30,000 y 35,000 aves, un número que no ha variado significativamente en los últimos 15 años. Muchas de estas aves están destinadas a “competiciones de aves canoras”, donde los espectadores apuestan dinero por los resultados de cuántas canciones o frases cantará un pájaro en un tiempo determinado.

La actividad también es popular y legal en Guyana y Surinam, y como consecuencia de esto, se producen incautaciones regulares de estas aves, especialmente de semilleros, en comunidades de expatriados que viven en Estados Unidos, Canadá y Europa.

Fuente: WWF Colombia.
Editor: Lina María Serna. Periodista – Editora.

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